Pregón para una isla que se quiera. Yeray Rodríguez Quintana


Para escuchar el pregón entero pueden pinchar este enlace de Canarias Radio La Autonómica

 

Recibí con la emoción
que da lo que no se espera
que Teror me propusiera
proclamar este pregón.
Mi mente y mi corazón
más cómplices que contrarios
hoy me son más necesarios
que nunca, cuando me toca
hacer hablar por mi boca
a todos los grancanarios.
Porque hoy nada me haría
más feliz que humildemente
hablar también por la gente
que no vivirá este día
que estoy viviendo.
Querría volverme, voz solidaria,
colectiva, necesaria y unánime
para esta noche en que arranca
la fiesta más grande
de Gran Canaria.
Les confieso que pensé
en mil posibles caminos,
hablar de ilustres vecinos, de Teror,
de fiesta y fe, de quienes hacen a pie
el camino hacia esta plaza,
del pueblo que se hace casa,
de promesas y de esfuerzos,
de los niños y sus versos
de cada pueblo que pasa.
Pero el fuego, bruto y fiero
fue escribiendo su guión
y logró que este pregón,
volviera a empezar de cero.
Borré todo lo primero
busqué la humilde manera
de que este pregón hiciera
que ese dolor nos salvara,
y aquí este pregón
para una isla que se quiera.

Queridos todos, muy buenas noches. Agradezco efusivamente la compaña de todos ustedes en esta noche tan especial para mí como agradezco con el corazón en los labios la presencia de la familia a la que hubo que robarle tiempo para ponerle palabras a este camino. Mi gratitud más sincera para ellos. A finales de abril recibí de parte del Ayuntamiento de Teror una encomienda que agradezco enormemente: pregonar la Fiesta del Pino, la fiesta grande de Gran Canaria, la fiesta que nos junta, nuestra fiesta. Un pregón, lo sabemos todos, cumple la función central de anunciar el festejo al que se convida vivamente a la comunidad que le da sentido, pero esta me parecía también una ocasión propicia para reflexionar, en el privilegiado escenario de esta plaza, acerca de cómo concebimos esta isla donde nos tocó vivir y lo poco que en ocasiones valoramos lo que nos da y le damos. Nada mejor para ello que la gran fiesta insular. Pensé en un pregón que nos permitiera compartir esa mirada hacia dentro y hacia delante, un pregón para una isla que se valore y se aleje de una vez por todas de esos miedos y complejos, que comparte con sus otras siete hermanas, que tanto daño nos hacen como pueblo y que tanto nos alejan de lo que podríamos llegar a ser solo si creyéramos algo más en nosotros. Acabamos de vivir unos días desoladores pero que nos han demostrado, una vez más, de qué somos capaces cuando nos unimos y cuando creemos en nuestras posibilidades. Los tristes acontecimientos de las pasadas semanas me han afirmado con mayor certeza en esta idea. Nada podemos hacer por cambiar el macabro guion de los días terribles que vivimos, pero sí están en nuestras manos las páginas que empecemos a escribir de hoy en adelante. Por eso voy a referirme en mi pregón a este pueblo, esta isla y esta fiesta desde consideraciones que me ayuden a compartir con todos ustedes esa mirada sobre una isla necesitada de afianzar cada vez más ese sentido de pertenencia, ese orgullo sano y necesario que será lo único que nos salve del silencio y la desolación. A ello, en la feliz compañía de todos ustedes, me dispongo.
***
Este año en el que me toca pregonar la fiesta, más allá de las tristezas recientes, se dan circunstancias felices que me tocan muy de cerca, como, por ejemplo, el treinta aniversario de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria; una casa en la que empecé aprendiendo como estudiante y sigo aprendiendo, todos los días, como profesor, una institución que nos demostró con su nacimiento, una vez más, de qué somos capaces cuando nos unimos como un corazón solo. El grito de las calles se volvió universidad, una Universidad que este año llegará a Teror el siete de septiembre con una carreta en la que, junto a todo lo que traiga, traerá sin duda el compromiso renovado con una sociedad sin la que hoy no sería ni lo que es ni como es. Tengo la suerte inmensa de impartir docencia en la Facultad de Filología y también en los Programas Formativos Especiales, destinados a mayores de 55 años, donde se dan cita hoy día muchos de los que ocuparon las calles en los años ochenta para que sus hijos y sus nietos estudiaran en esta isla. Lo que no imaginaban es que ellos también tendrían la oportunidad de hacerlo. Es una suerte inmensa aprender de ellos cuando se supone que soy yo el que enseña y es también un enorme gesto de gratitud y generosidad de la Universidad hacia los que la hicieron nacer. Por si todo eso fuera poco, unos meses después del encargo del pregón, a principios de julio, llegó la declaración de Risco Caído y los Espacios Sagrados de Montaña de Gran Canaria como Patrimonio Mundial por la Unesco; un logro colectivo al que tuve la suerte de sumar mi aportación desde la Academia Canaria de la Lengua, que también celebra en este 2019 sus veinte Por si todo eso fuera poco, unos meses después del encargo del pregón, a principios de julio, llegó la declaración de Risco Caído y los Espacios Sagrados de Montaña de Gran Canaria como Patrimonio Mundial por la Unesco; un logro colectivo al que tuve la suerte de sumar mi aportación desde la Academia Canaria de la Lengua, que también celebra en este 2019 sus veinte años de vida, y desde la Universidad y que tiene por epicentro el barranco contiguo al que me ha 2 visto crecer en la casa familiar de Artenara. Esta hermosa coincidencia insular y personal me anima a convidar a la fiesta y convidar a la vida recordándonos a nosotros mismos que habitamos un espacio tan válido como cualquier otro para la existencia, donde el esfuerzo de generaciones, desde el de los antiguos canarios hasta el de nuestros abuelos y padres carnales ha ido modelando una forma de vivir que asombró al mundo, como demostraron las apasionadas intervenciones de todos los países que recibieron efusivamente la candidatura. He ahí nuestra paradoja. A veces somos los últimos que nos enteramos de nuestra propia valía.
***
Teror, el pueblo que cobija a nuestra Virgen del Pino, que se vuelve casa común cada septiembre y que durante todo el año es visita obligada de la costumbre y la fe, es un cruce de caminos maravilloso que también permite escribir sobre rumbos diversos. Teror para mí, también es literatura, son los nombres que enseño en mis clases y que tienen que ver con este pueblo. Es Francisco González Díaz, del que me he acordado muchísimo en estas semanas en las que tanto se habla de reforestación en Gran Canaria, labor en la que fue sin duda un adelantado a su tiempo. Y es Pino Ojeda, poeta mayúscula que sin embargo escribió también una maravillosa novela que tuve la suerte de prologar hace poco, y es la visita de Unamuno en 1910, inmortalizada en una calle cercana, y son muchos más nombres, referencias y textos. Pero hoy quiero ir hacia la literatura que me hizo estudiar literatura, la que no se escribe ni se lee y por ello merecería quizá recuperar un nombre que le pertenezca más exactamente. Y quiero ir en busca de esta tradición compartida para recordar a un gran personaje, verseador y ranchero, que tuve la suerte de conocer, Antonio Herrera. Un hombre gigantesco, con la serenidad de un acantilado y la ternura que habita en los seres nobles. Su historia, nacido en Cuba y fallecido en esta orilla, es la de tantos y tantos que cruzaron el Atlántico con la décima y el punto cubano al hombro para sembrarlos y mimarlos en esta esquina del mapa. Enraizado en su querido San Isidro incluso cuando se mudó a vivir en la capital, fue cantador de alante en el Rancho de Ánimas de Arbejales-Teror y el verseador de mayor edad que pude llegar a conocer en Gran Canaria. Con él tuve la suerte de cantar varias veces, una de ellas aquí en Teror, y me cupo la fortuna de acompañarlo cuando acudimos al homenaje a su gran amigo, el verseador majorero Juan Ramón Rodríguez, ya también fallecido. Hace un par de años, la Unesco declaró el punto cubano Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Fue a propuesta de Cuba, pero los canarios podemos sentirnos parte de ese reconocimiento. De hecho, si mérito tiene la conservación y divulgación que le han dado nuestros hermanos caribeños, no tiene menos mérito que estas islas nuestras, desde una menor visibilidad mediática y social, hayan sido capaces heroicamente de hacerlo llegar hasta nuestro presente. He ahí otro ejemplo que debería reconfortarnos y afianzar nuestro arraigo. Es lo primero que recordamos a los más jóvenes que, atraídos por formas contemporáneas de improvisación, desconocen que en su tradición existe una manifestación que fía a la improvisación gran parte de su esencia. Me permitirán por todo ello que a Antonio Herrera en su pueblo y en su fiesta, queriendo representar a todos los verseadores que nos han precedido, dedique este pregón que les comparto.
***
Sin duda alguna, como tantos de nosotros, de todos los festejos del Pino el que vivo con mayor intensidad es la Romería-Ofrenda, la que cada siete de septiembre nos convoca en este mismo lugar. He tenido la suerte de sentirla como un romero más, de comentarla y hasta de retransmitirla. Pero sin duda alguna, lo que más me emociona es la presencia de los niños verseadores que desde 2012 pregonan décimas en esta plaza en ese día. Para nuestra felicidad, por octavo año consecutivo volverán a versear este siete de septiembre. Aquella idea se me ocurrió algún año antes, cuando percibí que la Romería-Ofrenda, otro gran acierto de Néstor Álamo, podría reforzarse y repensarse a través de jóvenes voces que nos recordaran qué hacemos exactamente cada víspera del día del Pino en este mismo espacio. Sinceramente, los adultos, no todos pero una buena parte, no resultamos los mejores referentes porque en ocasiones no somos exactamente conscientes de lo que significa un acto tan arraigado y multitudinario. Pienso especialmente en buena parte de las autoridades y demás familia que hacen un viaje circular entre 3 carreta y carreta como no queriendo dejar de salir en las cámaras que apuntan a la plaza y a las que, por desgracia, se les suele dar más importancia de la que tienen. No me refiero, ni mucho menos a los alcaldes y concejales que acompañan legítima y necesariamente durante todo el trayecto a sus vecinos y que han dado en estas fechas terribles un maravilloso ejemplo de entrega por los suyos, ni me refiero a los anfitriones, el alcalde de Teror y el Presidente del Cabildo que deben cumplir su función, pero estos últimos años, tan cerca del meollo de la fiesta me han ayudado a confirmar que hay un desfile paralelo de saludos, intereses y de eso que se ha dado en llamar postureo que no ayuda a que los más pequeños y diría también que los más grandes, entiendan qué estamos haciendo. Muchas de esas autoridades parecen vinculadas por lazos sentimentales, emocionales o ideológicos a muchos municipios y eso les permite reengancharse y convertir su presencia ante la Virgen en un bucle, en el que ocupan el espacio que pertenece al esforzado pueblo que en muchos casos es el mismo que ha doblado el lomo para sacar de la tierra y del mar lo que va en la carreta. Creo sinceramente que el día que desaparezcan las sillas de protocolo que se instalan en la plaza, que no dejan ver bien a los que están detrás y que permiten este trasiego interesado, le haremos un favor a la Romería-Ofrenda. Y como ya cogí ánimos, creo que otro favor que le podríamos hacer, sin restar mérito al gran trabajo que hacen tantas manos, sería quitar las exageradas alegorías que suelen presidir las carretas. Entiendo que el motivo central de la ofrenda es la ofrenda misma y no hay carreta más hermosa que la que entra esplendorosa a la plaza y sale irreconocible porque no trae otra cosa que su ofrenda. Y si encima la ofrenda fuera específicamente de los productos que dan la tierra y el mar de cada municipio, ya tocaríamos el cielo con las manos. Pensémoslo. Volviendo al proyecto de las décimas recitadas en la Romería, comparto con ustedes que con esta idea nuestra intención no fue otra que incorporar a los más pequeños a la fiesta haciéndolos conscientes de la naturaleza del acto al que acuden, tratando de arraigarlos sanamente al espacio del que proceden y vinculándolos a la décima, la estrofa de nuestro punto cubano, como dije antes Patrimonio Mundial desde 2017. Llevamos desde el año 2012 emocionándonos con los pequeños que con los de esta edición se acercarán al número de cuatrocientos, llegados de todos los rincones grancanarios y de todas las islas. Además, cada año le hemos dado más complejidad al asunto. Además de las 44 voces grancanarias que participan cada año, llevamos dos años recibiendo en la Romería-Ofrenda de Teror a niños verseadores representantes de cada una de nuestras Islas Canarias, que también intervienen el día 6 de septiembre presentando el Festival Folklórico. Yo tuve la fortuna de escribir las décimas que se recitaron durante las tres primeras ediciones, que fueron publicadas en 2016 por el Cabildo con el título de Víspera de versos; José María Dávila, verseador de La Atalaya de Santa Brígida, escribió magistralmente las de la cuarta; la quinta edición la realizamos sentándonos a hacer los versos con las sugerencias de los participantes y en estas dos últimas ediciones, una buena parte de los que han recitado lo han hecho tras participar en un concurso escolar cuyo premio es, precisamente, recitar una décima en Teror. A todo ello ha contribuido este año el proyecto que se ha desarrollado durante este último curso a través del Pacto por la Lectura y la Escritura que impulsa el Cabido de Gran Canaria y que ha llevado a cabo nuestro compañero Expedito Suárez, que ha dado talleres quincenales a más de setecientos estudiantes de catorce municipios de la isla de Gran Canaria, un proyecto que esperamos poder desarrollar en otras islas durante este curso y que, volvemos a lo mismo, trata, más que de buscar futuros verseadores, de formar hablantes más capaces y dotados de una autoestima verbal y personal que se echa en falta en estas islas nuestras.

***
Esa idea primera que compartí con ustedes, acerca de la necesidad de mimar nuestro sentido de pertenencia y nuestro sano arraigo, pretendía ser el eje de mi pregón, pero con un panorama que quisiéramos que fuera un mal sueño, con la isla ennegrecida, oliendo a cenizas y con los corazones encogidos, esa posibilidad se convirtió en obligación. Tocaba, más que nunca, hacer un pregón que se convirtiera en humilde espejo al que asomarnos para reconocernos y valorarnos, con esa mirada necesaria hacia la concienciación colectiva, hacia un horizonte en el que seamos capaces de gestionar nuestra autoestima sacudiéndonos de encima el peso de tantos siglos de cabeza gacha y silencio cómplice. Nos hemos demostrado a nosotros mismos, una vez 4 más, que el peor de los escenarios saca lo mejor de nosotros, hemos hecho propósitos, hemos compartido preocupaciones, pero nuestra memoria, por desgracia, no es a veces del tamaño de nuestra voluntad primera y creo que en definitiva nos desconocemos mucho más de lo que deberíamos. Estoy más que acostumbrado a escuchar a paisanos que, como turistas, no han dejado atrás ningún museo ni centro de interés que se suponían que tenían que ver en ciudades y países remotos y que, por no conocer, no conocen, los que quedan en el municipio canario donde viven. Me llamó también profundamente la atención que la reciente declaración de Patrimonio Mundial de nuestras Montañas Sagradas, dejara al descubierto a muchos grancanarios que jamás han pisado ese entorno. Y lo mismo sucede por ejemplo con nuestra música y con nuestra literatura y me atrevería a decir que hasta con nuestra geografía, porque por duro que pueda parecerles, muchos paisanos creen todavía que habitamos ese rectángulo en el que como la pieza de un puzzle nos ponen en todos los lugares posibles menos en el que realmente estamos. Menos mal que, de vez en cuando, la calima del desierto nos ayuda a ver con más claridad cuál es nuestro verdadero sitio. Y es una verdadera lástima que no aprovechemos apasionadamente las infinitas posibilidades que nos ofrece una isla como la nuestra que ha sido capaz de alongarse sobre el futuro sin dejar de atender las raíces que la amarran a una tierra que ha tenido que hacer a su mano. La misma isla extraordinariamente cosmopolita y adelantada a su tiempo, cuyo puerto capitalino se convirtió en emblema y horizonte de modernidad y progreso, conserva ancestrales tradiciones que sorprenden especialmente a quien se tropieza con ellas sin aguardarlas, valgan la trashumancia de nuestros pastores o nuestros Ranchos de Ánimas que tanto conoce Teror, como ejemplos maravillosos de que, aunque hemos ido a veces demasiado deprisa, no hemos dejado de ser nosotros.
Estos días se ha hablado mucho de héroes y no seré yo quien niegue a nadie sus méritos, pero mis héroes, lo he dicho siempre, son los que siguen habitando y cuidando la tierra de sus padres y abuelos. Casi todos nosotros somos hijos o nietos de los que dejaron el campo buscando la costa y, por esa razón, somos también parte de un cambio de rumbo que le ha cambiado la cara a nuestra isla como se la está cambiando al mundo. Mis héroes son los que siguen guardando ovejas, haciendo queso, sembrando millo, plantando papas, regando matos… Y mis heroínas, en un mundo que no da tregua, son las que hacen todo eso y además todas las labores que la historia, escrita y dirigida por hombres, les ha puesto sobre los hombros. A ellas, doblemente necesitadas de la igualdad verdadera, mi homenaje y mi consideración y por ellas mi rebeldía y mi inconformismo. Todos esos seres milagrosos, los que guardan el campo por nosotros, merecen nuestro homenaje y atención, pero no solo ahora que el fuego les ha quemado las esperanzas sino todos y cada uno de los días futuros, porque si algo tienen el campo y los animales, es que al pie de ellos no hay días de fiesta.

Decía Dulce María
Loynaz, la autora cubana,
que el canario es hijo y padre
de esta, su tierra canaria;
hijo porque fue nacido
del fondo de sus entrañas
y padre porque fue dando
forma y asiento a su casa,
porque levantó paredes
para buscar tierra llana
hizo acequias y milagros
para que llegara el agua
para entre barranco y risco
tener tierra cultivada.
Para sentir cuanto digo
lo único que hace falta
es acercarse, isla adentro,
en busca de Gran Canaria
para sentir lo que hicieron
quienes domaron el mapa
equilibrio en un paisaje
que otros destrozan y matan
pero que tiene memoria
no olvida las dentelladas
que le dan los intereses
de quienes no tienen alma
ni tampoco las caricias
que le dan las manos sabias
que la miman, que la cuidan,
que le dan vida y la salvan.
Y cuánto cabe en la isla
cuánta belleza encerrada
no se deja ver entera
es preciso ir a buscarla

coquetear con sus barrancos
ascender a sus montañas
para saber cuánto encierra
y cuántos secretos guarda.

El peor momento sacó lo mejor de nosotros. La solidaridad desbordada nos emocionó y nos unió como pueblo. Triste es que tenga que suceder algo así pero sucede. Hay muchas familias que solo se juntan para llorar y en la tristeza descubren la falta que se hacen pero la rutina los vuelve a sumergir en la distancia. Han sido muchas las pérdidas y es infinita la tristeza de los que han perdido hogares y medios de vida, pero permítanme una reflexión más. Cuando empezaron las evacuaciones de los afectados, obligados a dejar sus casas ante la incertidumbre del fuego, cuando se marchaban de la tierra que más quieren encomendándose unos al Socorro, otros a San Bartolo, otros a San Vicente, otros a La Cuevita y todos al Pino, pensé en los que hoy en día, en tantos lugares del mundo, tienen que dejar su casa pero sin la esperanza cierta de volver. No quiero comparar tragedias incomparables ni llevar al extremo ningún planteamiento, pero quienes han tenido que dejar su casa, aunque sea por unas noches habrán podido hacer suya la tristeza enorme y la incertidumbre infinita de los que, empujados por el fuego de la guerra o del hambre, dejan también su casa y salen a buscar su vida sin encontrar, ni mucho menos la solidaridad que los grancanarios encontraron en sus paisanos. Muchos no llegan a donde tratan de llegar, otros se vuelven mercancía humana, otros mueren en el mar y todos nos golpean el corazón. Al menos, queridos todos, pensémoslo.
***
No pensé cuando recibí esta encomienda que me tocara pregonar su fiesta mayor a una isla desolada por un fuego bruto, un fuego que quemó muchos pinos que entristecieron a la patrona que eligió, según la fe relata, uno de ellos para aparecerse. Como dije antes, ya que no podemos cambiar el guion de estos días trágicos, tratemos de cambiar el guión del futuro.
Más que nunca hay que creer
en la isla que hace fiesta
que celebra la patrona
que en un pino apareciera
y que convierte Teror
en la casa suya y nuestra.
Creer pero de verdad,
en las malas y en las buenas.
Ahora que se nos quemó,
y nos mata la tristeza
hacemos las intenciones
firmes de luchar por ella
¿pero, cuando el tiempo pase,
mantendremos esa fuerza?
Hemos dado un gran ejemplo
de solidaridad plena
la desgracia nos juntó
como hoy nos junta la fiesta
y la respuesta fue hermosa
fue la ayuda que se espera
de los que para vivir
eligieron esta tierra
que no dudaron y dieron
todo y más en la tragedia.
Y de otros muchos lugares
llegaron manos sinceras
que emocionan y conmueven
y que un gran recuerdo dejan.
Pero, ¿cuándo el tiempo pase?
cuando a fuego ya no huela
y cuando en todos los medios
la noticia no sea esta
¿Pensaremos en aquellos
que se quedaron sin tierras,
o que perdieron el riego
con que poder atenderlas
sin pasto para el ganado,
sin sus casas, sin sus rentas?
Puede que nos preguntemos
si existe alguna manera
de ayudarlos y si hay forma
de ganar esta pelea.
Y la respuesta es sencilla:
confiar en nuestra tierra
comernos lo que produce
quesos de nuestras ovejas,
la fruta de nuestros matos,
vino de nuestras bodegas
papas de nuestros canteros
verdura de nuestras huertas,
nuestros corderos y baifos,
dulces de nuestras almendras,
el millo y los granos nuestros,
la miel de nuestras abejas.
Eso hará que los que luchan
por nosotros y por ella
puedan salir adelante
y seguir en pie en la brega,
defendiendo nuestros campos
y la tradición que encierran
cuidándolos por nosotros
haciendo nuestra tarea
dejándose cuerpo y alma
sobre esta bendita tierra.
Ellos son mis héroes sí
y hoy aquí se les recuerda
porque son ellos también
los que gastando sus fuerzas
permiten que aquí a Teror
en nuestra fiesta primera
esta tierra bendecida
traiga llenas sus carretas.

***
Creamos en esta isla que nos duele cuando se nos quema, creamos en ella en cada momento, en las heroicas gentes que la mantienen viva y pariendo vida, en sus tradiciones, arraigadas extraordinariamente a la tierra al tiempo que abiertas a un horizonte que es mucho mayor que la isla que les da sentido; hagamos fiesta, juntémonos en Teror, ya está septiembre a punto de encontrarse con nosotros y en poco más de una semana querrá vernos aquí mismo, desbordando una ofrenda que este año también debería alcanzar, como han propuesto con acierto, tantos animales necesitados de una comida que se les quemó. Vivamos El Pino, cada cual según su fe, según su costumbre, según su corazón, pero vivámosla. Valoremos el esfuerzo de una isla que como los pinos que la embellecen, guarda con su corteza de risco y barranco su corazón generoso. Hagámoslo. Viva Teror y Vivan las Fiestas del Pino.

*Pregón de las Fiestas de Nuestra Señor del Pino 2019, leído este viernes 30 de agosto por su autor, Yeray Rodríguez Quintana. Estuvo acompañado en el escenario por los músicos: Javier Cerpa, Beatriz Alonso, Pedro Manuel Afonso, Ner Suarez, Fernando García y Silvestre Ramírez. El público llenó la plaza del Pino, unas 2000 personas segun el Ayuntamiento. Fotografías del Gabinete de Prensa del Ayuntamiento de Teror.

Acerca de juanglujan

Juan García Luján es periodista, de las islas Canarias. Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Entiende el oficio de periodista como la posibilidad de informar, comunicar y reflexionar en alto. Todavía cree que es una profesión útil para la sociedad. Después de 25 años de oficio no confunde libertad de empresa con libertad de expresión.
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Una respuesta a Pregón para una isla que se quiera. Yeray Rodríguez Quintana

  1. artemir dijo:

    Yeray. siempre insuperable y mejor cada día. Otro futuro Premio nobel de Canarias. Un saludo.

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