Casimiro Curbelo en su torre


Usted llega a la Gomera y lo primero que ve es la torre del Conde. Entonces escarba un poco en la historia y le cuentan que allí se refugió Hernán Peraza el Joven, con su esposa Beatriz de Bobadilla. Fue un matrimonio que la reina Isabel la Católica le impuso a Pereza para alejar a Bobadilla, dama de la Corte, de la alcoba del rey Fernando. Peraza gobernaba la isla con mano dura, por eso los gomeros se la tenían jurada y organizaron unas cuantas rebeliones antes de acabar con su vida.

Leonardo Torriani destaca que el carácter guerrero de los aborígenes gomeros. En la página web del cabildo gomero escrita para los turistas se recoge en tres idiomas la cita de Viera y Clavijo referida a la historia de la isla: “los aborígenes gomeros fueron los que sin arrojar un dardo rindieron a Juan de Bethencourt y lo que hicieron más cara su conquista, más difícil su obediencia y más sangrienta su sumisión”.

Pero la historia está llena de pueblos rebeldes y señoritos como Hernán Peraza, que gobernó la isla con mano de hierro. Todos los caudillos tienen alguna debilidad, se trata de encontrarla y usarla en su contra. Hernán Peraza aceptó el matrimonio con Beatriz de Bobadilla para estar bien con la Corte, pero siempre buscó sus desahogos pasionales en otro sitio. Y esa debilidad lo llevó a la cueva de Guahedum para encontrarse con la Iballa, una aborigen que lo tenía loquito. En la puerta de la cueva lo esperaba algunos que estaban hartos de su estilo déspota. Y allí murió. Cuentan que Iballa logró escapar (o la dejaron) y se refugió en la torre.

Es bueno recordar la historia para analizar lo que le está pasando a Casimiro Curbelo. Hoy los caciques se mueven de otro modo. Dice Noam Chomsky que la propaganda es para la democracia lo que la violencia en las dictaduras. Casimiro no corta cabezas en las plazas públicas, ni manda a detener y vender como esclavos a quienes le organizan rebeliones. No, su estilo es más sutil que el de Peraza. Casimiro monta una academia de televisión para dar trabajo a los periodistas que luego escriben sobre su brillante gestión, Casimiro patrocina con dinero público una agencia de noticias y si el corresponsal de la agencia sale rana, pues Casimiro llama al dueño de la agencia y cambia la tarifa si el dueño cambia al corresponsal. Así ha mantenido su reino en la Gomera, añada usted el pago de entierros a pobres y ricos y el café a los taxistas. Es Casimiro.

La historia se repite primero como tragedia y la segunda como farsa. Lo escribió un tal Karl Marx. A Casimiro le pasó lo mismo que a Hernán Pereza. El coquistador salió de su torre tras las faldas de Iballa, Casimiro se fue a la Corte a celebrar que por fin su hijo acabó la carrera, en la confusión de la noche, los masajes y la policía Casimiro encontró su condena. El señorito gomero se creyó que en la Corte podía mandar igual que en la isla, se lo creyó él o su hijo, pero las consecuencias fueron las mismas. Por eso acabaron en el calabozo de la misma forma que Pereza acabó casado con Beatriz de Bobadilla, porque en Madrid no mandan los señoritos periféricos.

Y desde Ferraz siguen mandando ese mensaje. Pero Casimiro está en su torre, y se siente fuerte. Los votos son míos, grita. Y la dirección del partido socialista canario se transforma y por primera vez en su historia se rebela ante Madrid. Es una pena que no lo hayan hecho hace años, en la reivindicación del REF, por la deuda sanitaria, contra el catálogo de especies o por la financiación autonómica. No, lo hacen para defender al señorito gomero. La soberbia de Casimiro (que si dejara de mirarse el ombligo renunciaría a ser candidato al Senado) y la sorprendente rebelión de la dirección socialista canaria no formarán parte de la historia política de Canarias, sino de la tragedia que se convirtió en farsa.

Acerca de juanglujan

Juan García Luján es periodista, de las islas Canarias. Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Entiende el oficio de periodista como la posibilidad de informar, comunicar y reflexionar en alto. Todavía cree que es una profesión útil para la sociedad. Después de 25 años de oficio no confunde libertad de empresa con libertad de expresión.
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