La niña que soñaba con volar. Juan García Luján


Audio de la sección Somos Nadie en La Ventana de Canarias de la SER

Te voy a contar un cuento. Alhayaa significa vida en árabe. Había una vez una niña que se llamaba Hayate. Nació en Marruecos, y se crió en ese país viviendo penurias económicas.  Hayate era una niña que soñaba con volar, con dejar atrás un mundo dominado por los hombres y plantearse sus propios retos. Así fue como se decidió  emprender el vuelo, dejó atrás una sociedad donde las mujeres suelen estar a disposición de los hombres, les toca criar hijos y, sobre todo, obedecer.

 La niña soñadora viajó a Canarias y se estableció en el municipio tinerfeño  de Adeje. Se casó y tuvo dos hijos. Pero su marido no la trababa bien y se separó. Trabajó en el servicio de limpieza de un hotel. Hayate hacía honor a su nombre, y quería vivir la vida con intensidad, así que se dio una nueva oportunidad para vivir el amor. En el año 2013 encontró una nueva pareja, se casó y tuvo dos hijos más. Y, a pesar del sacrificio que suponía combinar el trabajo con la crianza de los chiquillos,  buscó tiempo para seguir trabajando y también para estudiar. Estudió idiomas y gracias a eso mejoró su formación  y pudo dejar el trabajo en la limpieza y comenzó a trabajar en la recepción de un hotel del sur de Tenerife.

Sin príncipe azul

Pero el cuento del príncipe azul era eso, un cuento, en el país de Hayate y también en el  país supuestamente moderno donde se había establecido y había creado una nueva familia. Y el marido de Hayate comenzó a mostrar comportamientos violentos. Por eso a los seis años de relación decidió separarse. La economía en el paraíso canario no era tan ideal como había pensado la niña soñadora, y con cuatro hijos y el sueldo que da el trabajo en un hotel era difícil pagar sola tantos gastos, así que siguió con su expareja como compañeros de piso. Pero siguieron los comportamientos violentos y Hayate siguió soñando. Hace unas semanas le había dicho a sus amigas que después de navidades iba e emprender viaje a Madrid, donde vivía una hermana suya, y allí empezaría a soñar de nuevo y a sacar adelante a sus hijos.

Pero el  domingo por la noche la expareja de Hayate se convirtió en un monstruo, y en su misma casa la arrinconó con un cuchillo en el mismo momento en el que entraba su hijo mayor, de 16 años, que intentó proteger a su madre. El monstruo apuñaló el cuerpo de Hayate y también hirió a su hijo. Este  cuento se acaba de transformar en tragedia sangrienta con el asesinato de Hayate delante de sus dos hijos. Y toca pedirle a las instituciones que tomen medidas para evitar que el terrorismo machista siga acabando con los sueños, la libertad y la vida de tantas mujeres.

Y van los datos, que no son cuentos: No hay personal permanente formado en violencia de género en los juzgados. La Unidad de Valoración Integral carece de personal público permanente y formado. Faltan psicólogos, faltan trabajadores sociales. Durante diez años hubo una sicóloga para toda la provincia de las Palmas. Se marchó y ya no hay ninguna, se externalizó el servicio (“externalizar: dejar los servicios públicos en manos de empresas privadas, las organizaciones de izquierda cuando están en la oposición lo llaman ‘desmantelar o privatizar servicios’, cuando gobiernan aplican la receta de la derecha o  consolidan las privatizaciones).

Mientras el sistema del patriarcado siga imperando seguirá el terrorismo machista. Pero, mientras tanto, hace falta más y mejor educación afectivo sexual, más campañas de sensibilización.  Se necesita más presupuesto, más hechos y menos cuentos. Como escribió León Felipe, “Yo sé muchas cosas, es verdad. Digo tan solo que he visto. Y he visto: que la cuna del hombre la mecen con cuentos, que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos, que el llanto del hombre lo taponan con cuentos”. Espero que los cuatro hijos de Hayate reciban de las administraciones públicas apoyo psicológico, económico y social, y que no los olviden ni engañen con cuentos.

@juanglujan

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Acerca de juanglujan

Juan García Luján es periodista, de las islas Canarias. Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Entiende el oficio de periodista como la posibilidad de informar, comunicar y reflexionar en alto. Todavía cree que es una profesión útil para la sociedad. Después de 25 años de oficio no confunde libertad de empresa con libertad de expresión.
Esta entrada fue publicada en feminismo, La Ventana Cadena SER. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a La niña que soñaba con volar. Juan García Luján

  1. Flora dijo:

    Que impotencia tan grande.Que tristeza.No hay castigo suficiente para ese malnacido,ni necesita más palabras.Medios.Medios para que de la economía,no dependa una vida.A tiempo,alas para las víctimas y dureza con ellos.Y Ojalá las instituciones cumplan su deber con esa familia.

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