Las siete vidas de Segundo García Quintana


fotosegundo

Nació Segundo García Quintana en una cueva de Juncalillo un martes 2 de octubre de 1929. Su madre, Jesusita, se había quedado viuda de Juan García cuando estaba embarazada de Segundo. Como estaba de luto no fue al bautizo de su hijo y a los más íntimos confesaría años después que no le gustaba el nombre que su hermana le había puesto a su hijo menor. Creció Segundo entre Artenara y Juncalillo jugando con un coche hecho con latas de sardinas. La madre cosía para ganar algunas perras y enseñó a sus hijos a vender huevos para comprar aceitunas. Cuenta Segundo que se tenía que esconder para hacer sus necesidades porque los perros lo perseguían para poder comer algo. Llegó la guerra de Franco y Jesusita tuvo suerte porque sus hijos no fueron obligados a acudir al frente porque eran muy pequeños para ponerse el uniforme, lo que sí debió hacer ella fue entregar a la guardia civil y a los falangistas las pocas joyas que tenía. Le dijeron que debía ayudar a la patria, que así es como llamaban al bando bueno que había iniciado una cruzada contra el bando malo que formaban los rojos, que quemaban las iglesias y mandaban el oro para Moscú, los muy cabrones.
Aunque ganaron los buenos, nadie se acordó de Jesusita para devolverle los anillos que había entregado a la causa. La posguerra era dura en una tierra que no producía lo suficiente para salir adelante en aquel tiempo de silencio que describió en su novela Martin Santos. Jesusita, la tía Elena y los dos niños que ya eran pibitos se mudaron a la capital con lo puesto. En la casa de la madre en Arenales Segundo montó su primer almacén, mientras su hermano Juan comenzó a trabajar en las ambulancias. Las pocas horas libres las dedicó conquistar a una muchacha delgada que también había bajado de la cumbre. Segundo tenía que darle media peseta a las hermanas pequeñas de Carmela para poder echar un puño a la baifa tranquilo .
Con los primeros ahorros decidieron casarse y comprar un pisito en Las Rehoyas. Una cortísima luna de miel en el hotel de Santa Brígida y a seguir trabajando doce horas al día. Segundo vendiendo comidas y bebidas y Carmela Luján en la tienda de ropas en Schamann. Segundo consiguió varios premios por sus aciertos comerciales, así pudo viajar a Londres invitado por una casa de güisqui, también conoció París y visitó las bodegas de Andalucía.
Sin títulos académicos, después de aprender las cuatro reglas Segundo y Carmela pudieron sacar a los tres hijos adelante. El corazón de aquel muchacho que llegó con lo puesto desde Juncalillo se paró el pasado sábado 23 de enero. Quienes lo conocíamos en la salud y en la enfermedad decíamos que Segundo tenía siete vidas, vivió dos dictaduras, una república y una monarquía, sobrevivió a tres infartos y desafío las prohibiciones de los dulces, las tartas y los helados durante décadas de diabetes. Conocí a Segundo el día de mi primer aliento y compartí con él hasta su último, el sábado 23 de enero. Me lo presentaron en la clínica a las pocas horas de mi nacimiento. Me crié escuchando sus chistes, aprendiendo de su honestidad y valorando su capacidad de trabajar.
Cuando llegó la jubilación Segundo siguió cargando mercancías en su coche unos años más hasta que dejó de hacerlo. Finalizó la vida laboral y entró en su séptima vida, la de los últimos tiempos. Fue la más dura, la más cuesta arriba. El chiquillo que corría por los riscos de Juncalillo no tenía fuerzas para subir las escaleras del portal en Miller Bajo. El cuerpo cada vez hacía menos caso al cerebro. Hasta los últimos días conservó el tino y eso lo frustraba más todavía. El trabajador autónomo se transformó en una persona dependiente. Los lamentos por los días de dolores sustituyeron a los chistes. Los amaneceres no eran una oportunidad de la vida, sino una prórroga que Segundo no quería. “Tápame con la manta encarnada” era el grito de paz antes de dormir para descansar hasta el siguiente día de sinsabores. En el Hospital Insular no había manta encarnada, pero Segundo encontró el descanso que tanto pedía.

@juanglujan

Juan García Luján
PD: Segundo García Quintana (Juncalillo 2 de octubre de 1929-Las Palmas de Gran Canaria 23 de enero de 2016). El funeral en su memoria se celebrará este jueves 4 de febrero a las 7 de la tarde en la parroquia de Santa Cruz, en Miller Bajo, en la capital grancanaria.

Acerca de juanglujan

Juan García Luján es periodista, de las islas Canarias. Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Entiende el oficio de periodista como la posibilidad de informar, comunicar y reflexionar en alto. Todavía cree que es una profesión útil para la sociedad. Después de 20 años de oficio no confunde libertad de empresa con libertad de expresión.
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9 respuestas a Las siete vidas de Segundo García Quintana

  1. Eva Medina dijo:

    Con el retrato a tu padre me haces recordar a mi padre y a toda esa gente d campo, valiente y resiliente, que son nuestros referentes canarios cercanos. Gracias Juan. Soy Eva Medina, seguidora tuya y compañera del Ies Lila d Mercedes. Un abrazo para tí y para ella.

  2. Angel Rivero dijo:

    Mi más sincero pésame

  3. BLANCA QUINTANA dijo:

    Mi más sentido pésame a toda la familia. Mi padre, primo hermano de Segundo, hablaba de lo mucho que se querían, con unos 14 años se vino, desde juncalillo a casa de su tía Jesús, hermana de su padre Santiago Quintana, a trabajar en la tienda de su primo Segundo. Allí aprendió mucho, hasta que se fue a trabajar las guaGua, y nunca dejaron de visitarse…. mi papa falleció el 08/10/14, después de haber sido víctima durante 9 años del alzehimer, y hasta sus últimos días, nombraba a sus primos Segundo y Juan. Allá arriba, en la otra vida, seguro estarán juntos recordando su niñez….. un abrazo para ti Carmela y tus hijos

  4. ejenenacar dijo:

    Mi viejo nos dejó hace ahora dos años y medio y siempre le recordaré por su sonrisa, la misma que ha heredado el chiquillo mío. Mi más sentido pésame Juan

  5. Como siempre amigo Juan, lo bordas.
    Te doy mi sincero pésame por el fallecimiento de tu padre. Otro hombre bueno, sencillo, trabajador, honesto que se nos va. Son nuestros referentes. Un abrazo.

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