Los caníbales usan tarjetas black


Rato en Las Palmas El gobernador azteca Moctezuma invitó a los hombres de Hernán Cortés a un templo. Según el cronista Bernal Díaz después de subir 140 escalones los hombres de Cortés pudieron ver “un blanco resplandeciente, en la cumbre de la pirámide se alzaban las grandes piedras donde colocaban a los pobres indios escogidos para el sacrificio. Allí había una voluminosa imagen de un dragón y otras figuras fúnebres y mucha sangre derramada ese mismo día”. La anécdota la recoge en su libro “Caníbales y reyes” el antropólogo Marvin Harris, que señala que “como metódicos y bien entrenados carniceros de los campos de batalla y de la tierra de la Inquisición los conquistadores españoles ya estaban acostumbrados a las muestras de crueldad y derramamiento de sangre”. Pero, siempre hay un pero, según Marvin Harris a los conquistadores les impactó que los aztecas sacrificaran a otros seres humanos, se comieran sus corazones y se bebieran su sangre. Estos días en las paradas de guaguas, en los bares, en los parques, en las puertas de los colegios la gente no sólo habla del ébola, también habla de los 86 directivos de Caja Madrid que entre 2003 y 2012 se gastaron 15 millones de euros en viajes, safaris, muebles para sus casas, salones de masajes y (no podía faltar teniendo en cuenta el perfil de meapilas de algunos) reliquias religiosas y arte sacro. Me parece el dato más llamativo, ¿para qué compraban reliquias religiosas, acaso regalaban un crucifijo a las muchachas de los clubs donde les hacían los masajes pagados con tarjeta black? Cuanto más sabemos de los gastos de estos personajes más nos indignamos, y lo entiendo. Si a ello sumamos que a esos sobresueldos se apuntaron representantes de los sindicatos y de todos los partidos (incluyendo Izquierda Unida) ya tenemos el cóctel necesario para entender toda la película. Desde la presidencia de Caja Madrid Miguel Blesa (puesto por su amigo Aznar y por Esperanza Aguirre) lideró un atraco a la entidad financiera que debía salvar y contó con la complicidad de todos los directivos. Y lo más grave, al día de hoy Blesa está libre y prepara su defensa con los abogados más caros mientras que el juez que lo metió en la cárcel unos días ha sido expulsado de la carrera judicial. Pero en medio de tanto grito echo de menos un recuerdo a los trabajadores que fueron despedidos para construir ese monstruo llamado Bankia que se ha tragado más de 20.000 millones de euros de presupuesto público. Y lo primero que se tragó Bankia antes de nacer fue a cientos de trabajadores canarios. Fue como una de esas ceremonias aztecas donde se sacrificaba al personal para satisfacer a los dioses de la banca. Antes del proceso de fusión al que denominaron Sistema Institucional de Protección (SIP) la Caja Insular de Ahorros tenía 1.100 trabajadores en sus oficinas. Hoy Bankia en Canarias tiene sólo 726 trabajadores (los que no han despedido de Bancaja, Caja Madrid y La Caja Insular). Se han cerrado decenas de oficinas que cumplían una labor social. Esa entrega de la Caja Insular de Ahorros a Caja Madrid (resulta cínico llamar fusión cuando la representación canaria se reducía al 2,5% después del nacimiento del monstruo) se produjo mientras los consejeros de Caja Madrid quemaban dinero de la entidad en viajes, fiestas y bienes personales. Los indios canarios entregados a los conquistadores madrileños, una ceremonia caníbal mientras los caníbales estaban de fiesta que pagaban con tarjetas black. Recordemos que el consejo de Administración de la Caja Insular estaba presidido por un señor que trajeron de Cruz Roja gracias a un pacto entre el PP y Nueva Canarias. Hubo una lucha de poder por la presidencia de la Caja, pero luego los combatientes fueron capaces de ponerse de acuerdo en la entrega a Caja Madrid, en las asambleas votaron a favor los representantes del PP, PSOE, Coalición Canaria y Nueva Canarias (124 votos a favor, 8 NO y 2 abstenciones). Los representantes de los trabajadores votaron en contra y denunciaron que se trataba de una entrega a Caja Madrid. Sólo recuerdo una voz que gritaba en el desierto, el economista Antonio González Viéitez que escribió varios artículos contra la “desamortización de La Caja”. Recuerdo que en abril de 2011 el sindicato Comisiones Obreras organizó un homenaje a Marcelino Camacho. Participaron su viuda y su hija (Marcelino que se jubiló cuando vivía en un tercer piso de alquiler sin ascensor). Entre el público eché de menos a políticos que se dicen de izquierdas y que estos días condenan el uso de las tarjetas black. El acto había sido anunciado en los medios y CCOO había invitado a todos los partidos. Al día siguiente vi las fotos en el periódico: los políticos ausentes estaban aplaudiendo a Rodrígo Rato que ese mismo día dio una charla en Gran Canaria como presidente de Bankia. La conferencia para mayor gloria de Rato la pagó Bankia, no sabemos si Rato usó su tarjeta esa noche. Marcelino Camacho pasó su vida defendiendo a los trabajadores que serían los indios en el México de Moctezuma. Los políticos que ese día pudieron elegir entre los indios y los caníbales eligieron aplaudir a un caníbal que usaba tarjeta black. @juanglujan Este artículo se publica este miércoles en la edición digital y la de papel del periódico La Provincia Diario de Las Palmas. Fotografía de Rodrigo Rato en la conferencia que dio en Las Palmas de Gran Canaria en abril de 2011 a la que se alude en este artículo.

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Acerca de juanglujan

Juan García Luján es periodista, de las islas Canarias. Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Entiende el oficio de periodista como la posibilidad de informar, comunicar y reflexionar en alto. Todavía cree que es una profesión útil para la sociedad. Después de 25 años de oficio no confunde libertad de empresa con libertad de expresión.
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Una respuesta a Los caníbales usan tarjetas black

  1. ejenenacar dijo:

    Más que canibalismo, yo lo denominaría parasitismo, un sinsentido igual, pero que puede llegar a ser mucho más dañino socialmente hablando y que sería preciso extirpar sopena de que la infección se extienda hasta el punto de perder toda esperanza de recuperación.
    Muy buen artículo sr. Luján, le felicito.

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