En el solar de los sueños rotos


Amaya Akovi

La diligencia del Estado a la hora de desahuciar a una familia de una vivienda ( agentes judiciales, policías, cerrajeros al servicio de la banca usurera que denuncia al pobre que no puede pagar la cuota de la hipoteca) se contradice con las listas de espera en los Servicios Sociales. Si vives en un solar que está lleno de basura puede ocurrir que haya vecinos que se acerquen al ayuntamiento. La respuesta del ayuntamiento podría ser: “lo estudiaremos en septiembre”. En ese tiempo puede ocurrir que tras un día de vida en la calle vuelves a dormir entre basuras. En un descuido tonto una vela que no apagaste tú ni tu compañero en desatinos cae sobre el colchón y arde. El fuego arrasa con todo lo que encuentra en el solar de los sueños rotos. Y junto a las basuras arden tres corazones. El de Amaya Akobi, una joven tinerfeña de 29 años, el de su compañero Alexis, un aparcacoches chicharrero de 40 años y el corazón de 5 meses que se desarrollaba en el cuerpo de Amaya.

La historia de las muertes de Amaya y Alexis la cuenta hoy Daniel Millet en una crónica en La Opinión de Tenerife. Algunos amigos de Amaya le organizaron una misa de despedida. Han pasado 18 días del incendio en el solar de Ofra y el cuerpo de Amaya sigue en una nevera. Amaya no tiene quien la entierre después de muerta. Ningún familiar ha dado señales de vida. Amaya tenía 3 hijos, desconozco si otros familiares tienen a esos chiquillos o si están en manos de alguna institución (la propia Amaya tuvo una infancia en centros de menores). El caso es que ni familiares ni instituciones han hecho nada estos 18 días para sacar el cuerpo de Amaya de la nevera y enterrarlo o incinerarlo. Amaya que fue víctima de la violencia machista al menos con dos exparejas y estuvo acogida en centros de protección a la mujer.
Los amigos que acudieron a la misa contaron a Millet que “Amaya no es una indigente como se ha dicho, siempre estuvo de aquí para allá y tuvo muy mala suerte porque terminó con gente que terminó destrozándole la vida”. Si uno pasea por el muro de Amaya ve que fue una piba con muchas sonrisas, que paseaba a sus chiquillos también por Facebook. Debió de vivir muchos altibajos y las fotos son, como siempre, de los mejores momentos. No se trata de culpar a las instituciones de todas las desgracias de Amaya. Lo que sí resulta triste es la diligencia institucional a la hora de desahuciar a gente de sus casas por problemas económicos, como le ha ocurrido a miles de familias canarias en los últimos años, y que en esos casos el Estado pone a disposición de la banca usurera a empleados públicos y, sin embargo, faltan recursos sociales para dar respuestas y oportunidades a la gente que nada tiene.

Ahora los amigos de Amaya buscan dinero para sacar su cuerpo de la nevera. Los familiares de Alexis ya se hicieron cargo de su entierro. Si Amaya se crió en centros de menores, su familia son las administraciones públicas y no se entiende que hayan pasado dieciocho días sin preocuparse por su incineración o entierro. El pasado 18 de junio Amaya escribió en su muro de Facebook: “Nunca cantes victoria sin haber ganado la batalla”. Ella que libró batallas contra el desamor, las adicciones, la violencia machista, la infancia de abandono…, ella que recurría a frases de Paulo Coelho para animarse a seguir en las mil batallas, el pasado abril ponía en su muro una frase del escritor brasileño: “No permitas que nadie te haga sentir que no mereces las cosas buenas que te suceden en tu vida”. Los amigos de Amaya que quieren darle una “despedida digna” son una prueba de que también te pueden suceder cosas buenas después de la muerte. De las instituciones que no pudieron evitar que Amaya se enterrara en vida tampoco íbamos a esperar que se preocuparan de forma diligente de un entierro digno tras su muerte.

@juanglujan

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Acerca de juanglujan

Juan García Luján es periodista, de las islas Canarias. Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Entiende el oficio de periodista como la posibilidad de informar, comunicar y reflexionar en alto. Todavía cree que es una profesión útil para la sociedad. Después de 20 años de oficio no confunde libertad de empresa con libertad de expresión.
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