De oficio linchador. Yira Arredondo


invasión estadio gc

Hace pocos meses escribí sobre un supuesto accidente aéreo que por suerte no ocurrió. La noticia se llevó a portada del diario nacional en el que colaboro. Recuerdo que al minuto de colgar la noticia, con el correspondiente desmentido y las casi disculpas que pedimos todos los que dimos por buena la versión del 112 (para quien no lo sepa el número corresponde al centro de coordinación de emergencias de Canarias) las redes sociales ardían, como suelen decir. A mi cuenta de Twitter llegaron críticas de todo tipo. La mayoría venían de personas que ni son, ni ejercen el periodismo. Ninguna de ellas fue edificante y mucho menos constructiva. Hubo periodistas que al hilo de una noticia que nunca ocurrió, se dedicaron a hacer sangre y a criticar a todos los que, insisto dimos por buena una noticia cuya fuente era, como escribí antes, el centro que coordina las emergencias en Canarias.

Meses antes, y esto lo recuerdo yo, porque fui una de los que cayó en una práctica que critico, la presentadora Ana Rosa Quintana, tras la emisión de un reportaje sobre la educación en Finlandia, hecho por el periodista Jordi Évole, escribió un comentario en clave de humor, al menos eso dijo ella al día siguiente, sobre las ventajas de vivir en España respecto al país que en el documento televisivo se exponía como un ejemplo de modelo educativo. Los palos que se llevó, los comentarios que recibió. Fue hasta tendencia en Twitter. Mientras ella dormía, España entera y parte del extranjero, se dedicaba a hacer un vestido con su pellejo.

Hace también unos meses uno de los mejores cronistas de mi país, Alberto Salcedo Ramos, hizo una diatriba en la que criticaba las actitudes de uno de los cantantes de género Vallenato, más encumbrados de este tiempo, Silvestre Dangong. Creo que recibió hasta amenazas de muerte. Lo mismo le pasó a la actriz holandesa Nicolette Van Danm, que desafortunadamente utilizó un montaje fotográfico en el que se veía a dos jugadores de la selección colombiana, aspirando cierta sustancia en un campo de fútbol. La imagen no me gustó, porque soy de las que piensa que no con todo se puede bromear, no obstante, como en estos tiempos, de todo se hace broma y todos nos reímos, no le di la mayor importancia. La chica fue coherente: minutos después pidió disculpas y también renunció como embajadora de Unicef. Pero en las redes querían más, y por supuesto, también fue amenazada de muerte.

Somos linchadores profesionales. Ese verbo se conjuga en todos los tiempos y participamos todas las personas. Ayer unos jóvenes asaltaron la cancha de un estadio donde estaba en juego el ascenso de la UD Las Palmas a primera división. Ese asalto desdibujó lo que tenía que haber sido el retrato de la gloria de ese equipo y de su afición. Lo que hicieron estos jóvenes es reprochable, reprobable y hasta ejemplo de lo que no se debe hacer. Acto seguido, y como no, también en las redes sociales llegaron las críticas. Peor aún las imágenes de los chicos que invadieron la cancha para celebrar (que no celebraban, provocaban que ni es lo mismo, ni es igual) han sido publicadas pidiendo, sin pedir, el linchamiento público. Fue entonces cuando me llevé las manos en la cabeza. En el debate que se inició por un hecho, repito, cuestionable, criticable y necio, han participado hasta políticos que han radicalizado un poco más un hecho que como leí ayer de una querida amiga, habría quedado en algo anecdótico si el equipo hubiese concretado con un gol todas las oportunidades que tuvo para hacerlo, hablando más claro; si quizás la diferencia en el marcador hubiese sido más abultada. Y me pregunto yo, ¿dónde está la diferencia entre los que invadieron el campo y los que difunden a tutiplén las imágenes de estos “macarras” sometiéndoles a un castigo popular? En ambas situaciones hay agresividad. Algunos se escudan en “pongo la imagen porque no todos los canarios somos iguales” hombre faltaba más. Soy colombiana pero ni me parezco a Uribe, ni a Pablo Escobar, ni a “Tirofijo”, ni a Castaño. Tampoco por serlo, soy como García Márquez, más quisiera yo. Es evidente que un puñado de personas no representa a nadie, se representan ellos mismos y estos chicos se han retratado solos, no hace falta más publicidad.

Llevo días diciendo que las pasiones no son buenas consejeras y partiendo del hecho, insisto una vez más, de que ha sido un absurdo lo que hicieron estos maleducados, no nos dejemos llevar por el alma de un hincha cabreado a la hora de valorar esta situación. Hace 20 años y jamás lo olvidaré asesinaron en mi país a un gran deportista que para su desgracia cometió el error de marcar un gol en su propia puerta. Creo que los que vimos en autogol, internamente pensamos “ a Andrés Escobar lo van a matar”. Pero rápidamente evadimos ese presagio pensando que esa posibilidad era ilógica e irracional y que una persona en pleno uso de sus facultades es incapaz de hacer tal disparate. Pues miren, no estábamos equivocados, lo asesinaron por un error que se puede cometer en cualquier partido. Llevo el nombre de Andrés Escobar atragantado en la garganta todos estos años. Me asusta que algo como esto se repita y le digo a mi mente: “Yira, alguien en su sano juicio es incapaz de hacer tales cosas”, además creo que esta sociedad es madura. Pero ¿es cierto, lo somos? Tras esa pregunta mi mente se queda en blanco.

*Yira Arredondo es periodista, corresponsal de El Mundo en Canarias. Este artículo fue enviado por su autora a nuestro blog para su publicación.

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Acerca de juanglujan

Juan García Luján es periodista, de las islas Canarias. Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Entiende el oficio de periodista como la posibilidad de informar, comunicar y reflexionar en alto. Todavía cree que es una profesión útil para la sociedad. Después de 20 años de oficio no confunde libertad de empresa con libertad de expresión.
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Una respuesta a De oficio linchador. Yira Arredondo

  1. rossana dijo:

    Nadie lo habría dicho mejor.

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