Queipo, la libertad o el café. Domingo González Vega


Queipo de llano

El acrónimo “CAFÉ”, era una clave formada con las iniciales de “Camaradas, Arriba Falange Española”, el grito que era usado por los milicianos de la Falange Española tras los fusilamientos que perpetraban y ejecutaban al borde de las cunetas.

Ian Gibson, el prestigioso investigador hispanista de origen irlandés, en uno de sus libros, acusa al Teniente General Gonzalo Queipo de Llano, de haber sido quien ordena el fusilamiento de García Lorca, por el testimonio del telefonista de la capitanía de Sevilla que le escucha dar la orden con la frase: “dadle café, mucho café”. Tal vez el teatro. Tal vez la poesía. Pero, sin duda, el amor de Lorca a la libertad era lo que no podía soportar este militar.

La especial predilección que sentía este personaje por intelectuales y artistas se vio también reflejada en la amenaza que lanzó al músico catalán Pau Casals, al que en 1939 sentenció que si regresaba de su exilio algún día a España, le “arrancaría sus dos brazos por los codos”.

Y esto, para el catalán, no era una simple advertencia. Pau Casals era violonchelista, de hecho fue uno de los más grandes violonchelistas que dio el siglo XX. Pero para Quiepo había un problema. No es que fuera un peligroso anarquista, no. Casals recibió la Medalla de La Paz de ONU (organización a la que le compuso su himno), o fue nominado para el Premio Nobel de la Paz. Pero para Queipo el problema es que era republicano. Era republicano y amaba la libertad.

Pero no eran estos apuntes históricos de la Guerra Civil los que me llevaron a escribir estas líneas. Ni el homenaje ni el reconocimiento (por supuesto, innecesario) del poeta o el músico.

Acabamos de pasar el 8 de marzo. Y en todo este día no ha dejado de retumbarme en mi cabeza una alocución radiofónica que, durante la guerra, el felón Queipo de Llano hacía a sus tropas a través de Radio Sevilla.
(Según Rafael Alberti, quien lo retrató en uno de sus poemas, lo que hacía este golpista traidor, más que hablar era ladrar, mugir, rebuznar a cuatro patas…)

Aunque en internet se puede escuchar íntegramente, no lo recomiendo, a menos que se esté muy bien del estómago. Por eso lo transcribo textualmente:
“Nuestros valientes legionarios y regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombres de verdad y de paso también a sus mujeres. Esto está totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen”.

Espeluznante y execrable como justifica y anima a la violación -“…por mucho que berreen y pataleen”- de las mujeres republicanas. Y, ¿por qué? -Porque “predican el amor libre”. Otra vez la libertad. Si hubieran sido mujeres sumisas, esposas de sus esposos, como las que les gustaban a los obispos de entonces (y a los de ahora), no hubieran sido merecedoras de este castigo. Pero como se declaraban libres, libres para amar, libres para luchar… merecían este y todo el sufrimiento posible antes de arder en el infierno.

Pero de esto hace ya muchos años, se dirá. Estamos en 2014 y mucho ha llovido desde entonces. Cierto. Tal vez no haya violaciones y muertes de mujeres, a manos de hombres que se piensan sus dueños. Tal vez sí. Tal vez no haya alocuciones de radio, a modo de sibilinas campañas de conformación de una ideología y un modelo de sociedad que justifica la hegemonía, la injusticia, la desigualdad, el maltrato… Tal vez sí.

Tal vez no haya un partido político legal que reivindica y añora aquellos tiempos de barbarie. Incluso del mismo nombre de los que celebraban dar “CAFÉ”, con un ideario basado “en el derecho natural y en la inspiración católica de las leyes y de las costumbres”. Tal vez sí.

Lo que sí es cierto, absolutamente cierto es que, más de setenta años después, a este siniestro personaje autor de estos ladridos, mugidos o rebuznos, a este infame ejemplo de la mayor putrefacción de nuestra historia reciente, en mi pueblo, como no podía ser de otra manera, le tenemos reconocida la importancia de sus méritos. Y aunque para ello tengamos que incumplir una Ley que lo prohíbe (la de la Memoria Histórica), en mi pueblo, en Ingenio, le tenemos dedicada una calle al glorioso General Queipo de Llano. Es que en mi pueblo… somos así.

*Domingo González Vega envió este artículo a nuestro blog para su publicación.

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Acerca de juanglujan

Juan García Luján es periodista, de las islas Canarias. Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Entiende el oficio de periodista como la posibilidad de informar, comunicar y reflexionar en alto. Todavía cree que es una profesión útil para la sociedad. Después de 20 años de oficio no confunde libertad de empresa con libertad de expresión.
Esta entrada fue publicada en derechos humanos, Domingo González, historia, Internacional, memoria histórica, política. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Queipo, la libertad o el café. Domingo González Vega

  1. ejenenacar dijo:

    Desgraciadamente es así, y no sólo en Ingenio ocurren estas contradicciones, no olvides que en el puerto de Las Palmas existe un dique llamado El Generalísimo y si no estoy equivocado, en este país sólo ha existido un Generalísimo y nada menos que por la gracia de dios. Espero que le hagas llegar convenientemente este artículo al actual edil, porque habría que ser algo más que un simple alcalde de derechas para mantener el recuerdo de este siniestro personaje de esa siniestra etapa de la historia de este país, en lo que probablemente es una hermosa calle de la villa de Ingenio.

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