Medio siglo de turismo. Coca de Armas


foto para turismo

El 29 de febrero de 1964, con la oficialidad que requerían las circunstancias, se inauguraban el restaurante La Rotondita y los bungalow’s Los Caracoles en la playa de San Agustín. Eran las dos primeras construcciones en Gran Canaria que cumplían con los nuevos criterios del turismo, el de masas, que desde hacía unos años empezaba a consolidarse. El municipio de San Bartolomé de Tirajana, al que pertenece esta costa, como es bien sabido, hasta ese momento estaba dedicado con exclusividad a la agricultura, al cultivo del tomate, y sumando su alejamiento de la capital, no en kilómetros sino en carreteras, padecía altos niveles de pobreza.

Sin embargo la naturaleza lo había dotado de las mejores condiciones para la nueva actividad: una gran variedad de paisajes muy bellos desde la costa hasta la cumbre, unas amplias y preciosas playas y un clima muy soleado durante todos los meses del año. La Rotondita y Los Caracoles marcarían el inicio de un sinfín de construcciones e infraestructuras que serían el comienzo de lo que con el paso de los años se convertiría en lo que hoy todos conocemos, “Maspalomas Costa Canaria”, uno de los enclaves de mayor proyección en el contexto turístico internacional.

En el mismo instante de esas inauguraciones, en nuestra isla se estaba accionando el interruptor del desarrollo económico, que no sólo iba a cambiar el paisaje, la vida y la sociedad de ese pueblo costero del sur, sino que empujaría a Gran Canaria impulsándola en acelerada carrera hacia el progreso y la modernidad. Así se empezaría a abandonar, por fin, una isla en blanco y negro, con carreteras más propias de diligencias que de coches, por donde circulaban guaguas perreras, coches de hora de un montón de puertas y arcaicos piratas de capotas de lona, que también con rapidez irían siendo sustituidos por los vehículos que creaba para países más avanzados la industria automovilística.

A velocidad de vértigo iban brotando hoteles, complejos de apartamentos, de bungalow’s, restaurantes, como si de un inmenso semillero de cemento se tratara. El turismo le dio tal revolcón a Gran Canaria, que ya nunca volvería a ser la misma y nosotros, sus habitantes, tampoco volveríamos a ser los mismos. El turismo reportaría grandes beneficios, aunque también inoculó el virus de la especulación y la fiebre de la edificación desmedida. La actividad turística nos encuadró en el siglo en el que estábamos, nos aupó la calidad de la vida, nos regaló bienestar, sin salir de nuestros límites nos fue descubriendo el mundo, pero al mismo tiempo fue quebrando nuestra naturaleza, fue haciéndonos más irreflexivos, más tarambanas.

El turismo, tan beneficioso para la isla, encerraba en sus entrañas un potente veneno que se imponía controlar. Ya ha pasado medio siglo de este comienzo en el que se han cometido aciertos y también muchos errores. Errores que a través de los años se repiten contumazmente, aunque nuestro destino es tan privilegiado, ya no sólo se vende sol y playa, sino todo lo que ofrece una isla, con un clima privilegiado (a pesar de los rigores de este invierno) y la variedad de casi todos los paisajes del planeta encerrados en un área de 1560 Kilómetros cuadrados de superficie y 236 Kilómetros de costa y su riqueza cultural, que siempre sale a flote.

Empezamos naciendo como destino porque nos descubrieron, no porque los grancanarios nos ofreciéramos. Crecimos más veces de la cuenta por los errores de nuestros destinos competidores (guerras, desastres naturales…), que por nuestros propios méritos. Ya va siendo hora de que entre todos tomemos las riendas y con una enérgica decisión, tanto de políticos, de empresarios, de trabajadores del sector, como incluso, de nosotros, habitantes de esta tierra única, con gran reflexión, dejando a un lado la avaricia, con ilusión y, por encima de todo, con inteligencia, convirtamos esta industria limpia y no contaminante, hasta esa suerte tenemos, en el verdadero motor, como lo ha sido muchas veces en estos cincuenta años, que nos saque de esta crisis que nos consume.

*Coca de Armas fue consejera de Turismo del cabildo de Gran Canaria. Este artículo fue enviado a nuestro blog por su autora para su publicación.

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Acerca de juanglujan

Juan García Luján es periodista, de las islas Canarias. Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Entiende el oficio de periodista como la posibilidad de informar, comunicar y reflexionar en alto. Todavía cree que es una profesión útil para la sociedad. Después de 20 años de oficio no confunde libertad de empresa con libertad de expresión.
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