La dignidad de siete mujeres aldeanas


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Beatriz Sosa, 23 años, ayer fue atendida por bajada de tensión e hipoglucemia. Maria Luisa Segura, 49 años y dos hijos. Elisa Castellano 28 años y una hija. Laura Martín, 39 años años y tres hijos. Dominga Luján, 68 años y tres hijos, ya es abuela. Arminda Martín, 27 años. Fayna Ramírez, 32 años. Siete mujeres magníficas de La Aldea. Siete agricultoras. Trabajadoras, autónomas o cooperativistas. Siete espejos de dignidad en el que sus hijos, compañeros y paisanos pueden mirarse.

Siete días en huelga de hambre frente al gobierno de la indiferencia. Siete gritos frente al silencio vergonzoso de un consejero y un presidente de gobierno que sólo se rompieron para anunciar una reunión en un comunicado de prensa y volver a callar. Siete mujeres pasando frío y cubriéndose de la lluvia en casetas de campaña frente al cemento del búnker donde se esconden los mandamases.

Mujer aldeana, tu hambre hoy es el pan de mañana de tus hijos. Tu dignidad es tan inmensa como la soberbia de los que llevan años sin pagar lo que te deben, tanto en el gobierno “de nuestra gente, de las personas” como en el gobierno de los tijeretazos. Pero no sólo los gobiernos están en deuda con ustedes, todos nosotros y nosotras estamos en deuda. Porque cada día de lucha de ustedes vale por nuestros meses de resignación. Cada minuto de frío de ustedes, vale por nuestro cómodo refugio bajo las mantas del silencio. Cada segundo de grito de ustedes vale los siglos de silencio de tantos resignados.

Siete mujeres que se rebelan en la puerta de la casa del poder. Siete agricultoras que están hartas de recoger tomates que no se pagan, de poner sus manos en la tierra, de arriesgar los techos de sus casas, de entregar sus ahorros, de jugar con el pan de sus hijos. Catorce ojos que nos miran, catorce manos que nos señalan a todas y a todos.

Qué mala suerte tienen estas siete mujeres aldeanas que no son empresarias de la construcción, ni habituales ganadoras de concursos públicos, ni dueñas de navieras, ni terratenientes del plátano de La Palma, ni aguatenientes, ni imputadas por pelotazos o tráficos de influencias y, por tanto, no tienen el teléfono móvil del presidente del gobierno, ni del ministro canario, ni de los consejeros. No. Ellas solo tienen sus catorce manos para sacar el tomate de la tierra. Ellas solo tienen unas cuentas corrientes en rojo en cajas de ahorros que vendieron otros. Pero su dignidad vale mucho más que la suma de millones de euros e ignominias que acumulan los mandamases que las ignoran. Gracias por su lucha.

@juanglujan

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foto @juanglujan

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foto @juanglujan lunes 18 noviembre 2013 Presidencia Gobierno canario Las Palmas de Gran Canaria

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Acerca de juanglujan

Juan García Luján es periodista, de las islas Canarias. Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Entiende el oficio de periodista como la posibilidad de informar, comunicar y reflexionar en alto. Todavía cree que es una profesión útil para la sociedad. Después de 20 años de oficio no confunde libertad de empresa con libertad de expresión.
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4 respuestas a La dignidad de siete mujeres aldeanas

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  2. ejenenacar dijo:

    Extraña democracia ésta en la que tienes que poner en riesgo la propia vida, para que te tomen en cuenta tus justas reivindicaciones.
    Felicitaciones a las mujeres corage y a La Aldea.

  3. Alfredo dijo:

    Un logro que sólo les pertenece a ellas, esas valientes que han luchado solas por su causa. Y yo me hago una pregunta. Porque solas? Dónde estaba el apoyo y solidaridad del pueblo canario? Pues durmiendo caliente y con el estómago lleno, mientras ellas pasaban hambre y frío en su batalla, con un apoyo meramente moral de la población, donde nadie (me incluyo) se implica realmente. Lo cierto es que no nos movemos a no ser que nos afecte directamente, y muchas veces ni aún así. Por eso esta victoria tiene más mérito aún. Han luchado solas y han logrado su objetivo…

  4. Jean-Yves dijo:

    Dignidad para ellas y verguënza para nosotros porque, una vez más, el pueblo estuve ausente para apoyar una revindicación justa. ¡Así nos va!

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