Las cosas van mejor ¿para quién? René Behoteguy


crisis mercado-religión EL ROTO

Dice Mariano Rajoy y lo repiten sus ministros como si de la misa se tratase que “todo va mejor”, lo repiten tanto que dan hasta ganas de creerles. Además, visto desde alguna perspectiva y según para quien, las cosas sí que van mejor.
Quiero decir, Emilio Botín dueño del Banco Santander ha declarado hace algunos días que «Es un momento fantástico para España porque llega dinero de todas partes» y está claro que para él cuyos beneficios de enero a septiembre fueron de 3.310 millones de euros es decir un 77 por ciento más que el mismo periodo del año pasado las cosa van bastante bien. Ni que decir de Amancio Ortega dueño de Zara e Inditex que en marzo de este año se ha convertido en el tercer hombre más rico del mundo, con una fortuna de 43.800 millones de euros, o en Canarias para ese 0,2% de la población que acumula el 80% de la riqueza. Para ellos las cosas van bien, de hecho van cada vez mejor en un escenario de muy buenos datos para el sector turístico el principal en las islas. También pueden sentir como la crisis se esfuma como un mal sueño los responsables de los partidos políticos que han visto como su presupuestos se incrementaban en un 27,9% lo cual, no estoy seguro cual es el tipo de cambio, debe representar una importante cantidad de sobres.

Queda claro que Rajoy cuando afirma con contundencia que vamos saliendo de la crisis, se refiere a los sectores de la población a quienes pretende apoyar con sus políticas de gobierno, es decir los banqueros, los grandes empresarios y la casta política al servicio de los dos anteriores. En este sentido es un error de análisis pensar que cuando el presidente de gobierno, o su ministro Montoro o cualquier otro de los célebres personajes de este gobierno habla del “fin de la crisis”, lo hacen sin saber lo que dicen, saben perfectamente a quien sirven y hacen lo posible porque esta gente que es en definitiva quien los financia, esté cada vez mejor.

Claro, desde otros puntos de vista, las cosas no van tan bien, por ejemplo para los casi seis millones de parados en el estado o para los 400.000 en Canarias (35,27%). Peor aún van las cosas para el 44% de los mismos que, a esta altura no cobra ninguna prestación, a quienes le cuesta ver lo maravilloso e importante que es el hecho de que Botin o Ortega tengan esas fabulosas ganancias y premien por tanto con jugosos sobres a los gobernantes que las hacen posibles. Evidentemente a los pensionistas cuya pensión se ha visto incrementada en un magro 0,25% que no cubre en absoluto el incremento del costo de la vida y que ven como se hacen más pobres cada día tampoco ven con claridad lo bien que van las cosas. Menos aún quienes se han quedado sin casa por los desahucios o quienes para comer deben hacer cola ante Cáritas que inmersos en sus penurias cotidianas no logran descifrar la enorme sonrisa con que De Guindos festeja la bajada en la prima de riesgo gracias a la compra masiva de bonos de deuda española que hace el Banco Central Europeo. Lo mismo puede decirse de toda la panda de locos que se quejan por la disminución progresiva de sus salarios, las escuelas con aulas saturadas que dificultan el aprendizaje, las listas de espera interminables en los hospitales o la paralización absoluta de la ley de dependencia, personas todas estas insensibles y poco informadas que no entienden la importancia de tener empresarios competitivos con cuentas repletas de miles de millones en beneficios y políticos que paseen por Europa en primera clase exhibiendo sus pulcros resultados macroeconómicos.
Es que a veces se nos escapa que no se puede tener todo en la vida, como dice el presidente Rajoy, son necesarios los sacrificios. No podríamos presumir de banqueros que ganen miles de millones de euros cada año sin que a cambio sean las familias quienes paguen los costos de la burbuja inmobiliaria con la pérdida de sus trabajos y viviendas. No hubiera sido posible el rescate de miles de millones de dichos banqueros para preservar su siempre afable sonrisa, sin el pequeño sacrificio de recortar al extremo de ponerlas en peligro la educación, la sanidad y los servicios sociales de la población. No sería posible tener empresarios que luzcan orgullosos en la revista Forbes o que se congratulen en sus lujosas cenas de lo bien que va el sector turístico en Canarias sin que para ello debamos asumir el sacrificio de ver como aumentan las jornadas laborales y se reducen los salarios para incrementar sus márgenes de ganancia. Porque ser “competitivos”, según nos dicen es lo más importante y para ello en Canarias hay que asumir que el 38% de los niños estén debajo de la línea de la pobreza y resurja la malnutrición infantil. Así los pensionistas deberán entender que si hoy son más pobres que ayer, es por una causa justa, es decir que los partidos políticos tengan suficiente dinero para repartir entre sus dirigentes y financiar campañas multimillonarias.

Porque nunca llueve para todos y en este diluvio que es la crisis los barcos salvavidas ya están repartidos, y a los currantes no nos toca ninguno. En esto Rajoy y los suyos lo tienen claro, al igual que Zapatero en su momento porque para los “asuntos de estado” PSOE y PP saben de qué va la cosa y actúan exactamente igual.

Es por eso que si usted que lee esto no es banquero, accionista de una multinacional o político del arco parlamentario, tiene motivos para no ser tan optimista, porque para que a estos tres grupos les vaya bien, necesariamente a usted le tiene que ir mal. Esto ya lo decía un señor alemán muy barbudo al que hoy es casi pecado nombrar y lo llamaba algo así como “lucha de clases”.

*René Behoteguy es miembro del secretariado nacional de Intersindical Canaria. Este artículo lo remitió el autor a nuestro blog para su publicación.

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Acerca de juanglujan

Juan García Luján es periodista, de las islas Canarias. Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Entiende el oficio de periodista como la posibilidad de informar, comunicar y reflexionar en alto. Todavía cree que es una profesión útil para la sociedad. Después de 20 años de oficio no confunde libertad de empresa con libertad de expresión.
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