La fiambrera. Paco Déniz


fiambrera

Hubo un tiempo no muy lejano en que era habitual ver a los trabajadores con las fiambreras para arriba y para abajo. Dentro iba el producto elaborado del esfuerzo sostenido de las madres que hacían la comida a fuego lento para que sus maridos (los únicos que trabajaban fuera de casa) comieran decentemente. Era comida de caldero y no de olla, pues ésta no había hecho su aparición en Canarias. Las fiambreras se tapaban con un pañito limpísimo para mantener el calor. Entonces, cuando sonaba la sirena, los trabajadores se sentaban a la sombra y abrían su bolso de aros olímpicos o con alguna marca de cigarros (Condal, Krugër) y se mandaban el potaje o la carne con papas. Lo que hubiera. Eran tiempos de escasez, pero no sólo de eso, eran tiempos de pocas boberías, de poco estrés, no existía la comida rápida y el tiempo transcurría plácido y eterno. Aquellas fiambreras de metal (aluminio) con trancas de presión aparatosa eran la expresión simbólica culinaria de la clase obrera que, sólo de vez en cuando, se echaba un enyesque fuera de su casa.
Con el tiempo, alterado, la proliferación de bares y comida rápida colocó a las fiambreras al borde de su extinción e inutilidad social incluso con el repunte modernizador que supusieron las reuniones de tupperware. Pero que va, ni a la playa llegaron. Desaparecieron. Hasta que llegaron los chinos y el mundo se lleno de nuevo de fiambreras de bajo coste y dudosa eficacia. Su plástico barato abarrota nuestros roperillos de la cocina y sirven hasta para darle de beber al perro. En cualquier lugar, incluso en los guachinches la gente se lleva lo que sobra para su casa, y te dan una fiambrerilla de esas o parecidas. Los universitarios terminan su clase, se apalancan por ahí y sacan su fiambrera china para comer. Cada vez hay más gente que recurre a traerse o a llevarse la comida para casa. Se acabaron las boberías, y cada vez que abres la fiambrera el dinosaurio todavía está ahí.

*Paco Déniz es Doctor en Sociología, profesor en la universidad de La Laguna. Este artículo lo remitió su autor a nuestro blog para su publicación.

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Acerca de juanglujan

Juan García Luján es periodista, de las islas Canarias. Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Entiende el oficio de periodista como la posibilidad de informar, comunicar y reflexionar en alto. Todavía cree que es una profesión útil para la sociedad. Después de 20 años de oficio no confunde libertad de empresa con libertad de expresión.
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4 respuestas a La fiambrera. Paco Déniz

  1. “”Era comida de caldero y no de hoya”” . ¿ Se le fue la hoya a Paco ? ¿ No será olla ? Bueno, un fallo lo tiene cualquiera. Leyendo el artículo me acordé de aquel que como le sobró comida del almuerzo que había pedido en el bar, le pidió al camarero que si se lo ponía en una tarrina para Pola. Y el camarero pregunta : ¿ Su perra se llama Pola ? Y él contesta: No, no que va . Es para “Pola” noche para mí.

  2. Chojesús dijo:

    Recuerdos, recuerdos.
    Ha venido a mi mente la fiambrera de mi padre (q.p.d), con lo poquito que podía llevar para comer a pie de tajo.
    Un abrazo desde Tenerife,
    Jesús.

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