Entre los brotes verdes y el miedo. Antonio Morales *


roto el miedo

Nos marean hasta el vómito. Nos zarandean hasta que las arcadas nos agotan. Como cantaba aquella solista inglesa de los años sesenta: nos tratan como a marionetas bailando sin fin en las cuerdas… del neoliberalismo. Primero nos venden brotes verdes salvadores, para después anunciarnos que las cosas van a peor. Nos dicen que con los ajustes y recortes no saldremos de ésta, pero a continuación nos exigen nuevas reformas y podas castrantes… Nos asustan, nos abruman, nos aturden y nos adormecen hasta conseguir dar una vuelta de tuerca más a la pérdida de derechos y libertades.

Desde hace unas semanas el ministro De Guindos insiste en anunciarnos que el futuro se presenta “mucho mejor” que hace un año: la reducción de los desequilibrios, la situación de la banca española y el incremento de la balanza de pagos son “señales inequívocas” de que la economía española se dirige hacia unas condiciones que anticipan la recuperación. Para Mariano Rajoy “2013 no va a ser un buen año para el empleo, pero va a ser menos malo que los años precedentes. (…) En el año 2014 va a haber en España crecimiento económico y creación de empleo (…) y la economía española crecerá con claridad, empezaremos a crear empleo y los españoles notarán resultados tangibles de los sacrificios que han hecho”.

Nos están mintiendo deliberadamente una vez más. Saben que no es cierto lo que nos dicen: están escondiendo su incapacidad para ofrecer alternativas, los escándalos de corrupción de su partido y su incompetencia, cuando no complicidad, para luchar contra la pérdida de la soberanía del Estado frente al capitalismo integrista. Lo están ocultando todo a sabiendas de que vienen más sacrificios, más empobrecimiento y menos democracia.

Para la Comisión Europea el horizonte español está plagado de minas ocultas, hay muchos riesgos de que la recuperación no empiece este año y augura 6,5 millones de parados, además del hundimiento del poder adquisitivo. Según el FMI el déficit seguirá aumentando en el 2013 y en adelante, la deuda pública no dejará de subir hasta llegar al 110,6% del PIB en 2018 y el paro se seguirá disparando hasta alcanzar una media del 27% (desgraciadamente su análisis no se ha quedado en un vaticinio, como nos confirman los últimos datos de la EPA que nos habla de un porcentaje del 27,16% y una cifra total de 6.202.700 parados). El Fondo, una de las patas de la troika que nos tiene asfixiados, se atreve a decir que la austeridad y las presiones de Alemania están debilitando el crecimiento y propiciando una “fatiga” ciudadana. Pero no pasa de ahí la cosa. Draghi, Merkel, a pesar de que un grupo de expertos de su país le insisten en lo contrario, y sus acólitos siguen en sus trece: al Sur ni agua. Incluso se atreven a plantear un “Chipre para todos” de peligrosísimas consecuencias.

España tiene en estos momentos a más de tres millones de ciudadanos sumidos en la pobreza extrema y a un 21,8% en pobreza relativa; la renta familiar española ha caído hasta los niveles de 2001 y la diferencia entre los más pobres y los más ricos ha aumentado en un 30%; casi dos millones de familias tienen a todos en el paro; los ahorros bancarios han disminuido en un 14% en apenas dos años; las comunidades que más han recortado su déficit se han visto desbordadas por la crisis; desaparecen las pymes; se empobrecen las familias; quiebran los sistemas de solidaridad social… Pero las políticas austericidas siguen protagonizando el escenario europeo.

Ulrick Beck escribía recientemente que se está implantando un modelo que permite relajar las normas democráticas para extender la política de ahorro alemana a toda Europa; un grupo de expertos de la talla de Galbraith, Garicano, González–Páramo o Krugman, insisten en señalar que las recetas de austeridad están provocando un sufrimiento innecesario a los ciudadanos europeos; el profesor de Cambridge, Ha-Joon Chang advirtió ya el año pasado que los lobbies financieros

obstaculizan las reformas y los gobiernos ya no tienen armas frente a la crisis: “Rajoy debería aprender del error de Cameron y no cortar tanto el gasto público”; el periodista y analista Robert Kaplan ha llegado a afirmar que “si España no arregla pronto su economía en 10 años estará muy por debajo de México”; Sylvia Nasar, alemana y Máster en Economía por la Universidad de Nueva York decía hace poco que no sabía “donde estudiaron los líderes de la UE, pero son analfabetos económicos”; Stiglitz insiste en que “ningún país ha salido de la crisis con austeridad”•; la ONU ha pedido al Gobierno español que revise sus medidas de austeridad por perjudicar los derechos humanos; el exasesor de Kennedy, Richard Nelson ha advertido de que “Europa se está haciendo daño a sí misma; debe favorecer el crecimiento”; hace unos días Hollande nos avisaba sobre el auge de los populismos y afirmaba que “la austeridad condena a Europa a la explosión”; EEUU y Japón han optado por una vía absolutamente distinta (el país nipón incluso ha apostado por la inflación)… Y podría seguir y seguir poniendo ejemplos. La peligrosa espiral de recortes del gasto público a velocidad supersónica – que se suma a la caída del consumo y de las inversiones- está provocando una catástrofe en cadena. Está propiciando una enorme fractura social, un cuestionamiento de Europa como proyecto unitario y un retroceso sin parangón de la democracia.

Pero todo esto no parece tener que ver con el Gobierno español. Fátima Báñez insiste en mentirnos y acaba de anunciar que el Ejecutivo prepara una serie de medidas que confirmarán que el 2013 será el último año de la crisis. Estoy escribiendo esto antes del viernes 26 de abril y se publicará posteriormente, pero todo indica que el Gobierno de Rajoy, que anuncia “recortes suaves” y “más reformas en la economía española”, volverá a dar un hachazo tremendo al Estado de bienestar, a las clases medias y a los que peor lo están pasando, aunque pervierta el lenguaje para revestir sus propuestas de buenas intenciones. Porque da lo mismo lo que suceda: si mejoran los mercados, hay que hacer reformas. Si la situación empeora también hay que hacer reformas. Pero reformas paralizantes, torpes, alienantes y desmotivadoras. Nunca medidas en positivo para generar empleo y crecimiento económico.

Y le están allanando el camino. Le están haciendo la cama los medios neoconservadores, los “expertos” ultraliberales y las élites económicas que mezclan ideología e intereses para demandar un modelo económico y social distinto al que votaron la mayoría de los ciudadanos. El Banco de España, que prevé que el paro suba al 27% por la dureza de la recesión, pide que se adopten nuevas medidas para reducir más los salarios; la patronal empresarial CEOE dice que la reforma laboral ha sido insuficiente, que los ministerios siguen cargados de funcionarios y que se deben potenciar los miniempleos; el comisario de Asuntos Económicos y Monetarios de la UE demanda al Gobierno a presentar un plan para “mantener el momentum de las reformas”. No son pocos los que gritan que es el momento de las reestructuraciones pendientes para incrementar la “competitividad” o que se dan las condiciones precisas para las “reformas estructurales del sector público”, que no significa, ni más ni menos, que hay que vaciarlo para privatizarlo todo. Se han pasado toda la semana anunciándonos más recortes y ajustes. Nos han ido lanzando pinceladas de su estrategia (pensiones, jubilaciones, desempleo…). Nos han ido metiendo miedo para que, desde el temor, nos callemos y aceptemos lo inevitable. A la vista están los resultados.

*Antonio Morales es alcalde de Agüimes. Este artículo fue remitido a nuestro blog por su autor para su publicación.

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Acerca de juanglujan

Juan García Luján es periodista, de las islas Canarias. Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Entiende el oficio de periodista como la posibilidad de informar, comunicar y reflexionar en alto. Todavía cree que es una profesión útil para la sociedad. Después de 20 años de oficio no confunde libertad de empresa con libertad de expresión.
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