¿Qué les queda a los jóvenes? Antonio Morales*


jovenes futuro

¿Qué les queda a los jóvenes?/…sobre todo queda hacer futuro a pesar de los ruines del pasado/ a pesar de los sabios granujas del presente. Mario Benedetti.

Los últimos datos de la Encuesta de Población Activa son demoledores. Casi seis millones de parados (los últimos 850.000 han perdido su trabajo en 2012) y una tasa de paro del 26,02% -algunas comunidades superan el treinta y tantos por ciento y cuatro de ellas reúnen el 40%- certifican que la alabada y “salvadora” reforma laboral solo ha traído más precariedad, pérdida de derechos y pobreza. Sin duda alguna, las dos capas más desprotegidas de la población sin empleo son la de los mayores de 55 años (por sus dificultades para reincorporarse al mundo del trabajo) y la de los jóvenes que buscan ocupación, cuyo porcentaje total alcanza el 55,1%. Una barbaridad. Un magnicidio social de primer orden.

Durante esta crisis, aproximadamente el 75% de la destrucción de puestos de trabajo ha afectado a menores de 30 años. Casi tres millones de inactivos en edad de trabajar tienen menos de 29 años y solo Grecia, con un 52,8 % se acerca a los datos de paro juvenil en España. Según un estudio de la UNESCO, este país se sitúa a la cabeza de Europa en desempleo juvenil, lo que tildó el presidente del Parlamento Europeo, el pasado 28 de enero, como una “vergüenza totalmente inaceptable”.

Para la Organización Internacional del Trabajo, “estamos ante una crisis que puede llevar a una generación perdida o muy seriamente marcada. Se sabe que si no se comienza bien en el mercado laboral, si transcurre mucho tiempo antes de conseguir el primer empleo, esto influirá en el tipo de trabajo y en los ingresos por el resto de la vida”. Es lo mismo que opina una amplia mayoría de españoles –según una encuesta de Metroscopia para El País- al considerar que la incapacidad del mercado laboral español para crear empleo o para absorber a los jóvenes en edad de trabajar, está lastrando a toda una generación. Sostiene así mismo que el hecho de que los jóvenes tengan tantas dificultades para encontrar un trabajo que les permita independizarse y vivir por su cuenta les va a marcar para siempre y les va a impedir planear y organizar su vida. Un 73% considera que la actual generación de jóvenes acabará teniendo, a lo largo de su vida, una situación económica peor que la de sus padres… por eso se van.

No se resignan y se lanzan, como sus antepasados en los siglos XIX y XX (tras la guerra civil y en los años 60), a buscarse la vida a cualquier precio. La Federación de Asociaciones de Consultoría, Servicios, Oficinas y Despachos acaba de aportar unos datos: más de 300.000 jóvenes españoles han emigrado desde el inicio de la crisis ante la falta de horizonte laboral; el éxodo mayor se produce en Canarias, de donde han salido más de 37.000 chicos y chicas. Para el CECOT, casi 400.000 jóvenes, de entre 15 y 34 años, viven fuera del Estado español. Y no ven otra salida. Según un estudio de Adecco e Infoempleo, más del 60% de los estudiantes españoles estaría dispuesto a cambiar de residencia por un empleo, mientras que para Sigma Dos, en una encuesta encargada por la televisión francesa, más del 83% de los españoles entre 18 y 29 años saldría con los ojos cerrados a trabajar al extranjero. Pero no estamos hablando de una excursión, ni de la loable búsqueda del perfeccionamiento de un idioma; se trata de un obligado desarraigo y de ruptura por la supervivencia: en estas Navidades fui testigo, en Londres, de la rabia de un profesor murciano de inglés, trabajador de un McDonald´s, mediando en una pelea en su local mientras se preguntaba qué hacía él allí, y palpé la de otros muchos ingenieros y profesores dependientes de comercios o trabajadores de la hostelería… Y no son europeos en vacaciones, son emigrantes del sur a los que contratan porque aceptan trabajar en peores condiciones que los ingleses.

Estamos ante el gran fracaso de la política y la democracia. El derroche de un capital humano preparado, en el que el Estado ha invertido cantidades importantes, es un error de incalculables consecuencias. La frustración y la desconfianza generadas por las instituciones y la política no pueden tener más que funestos efectos. Las ilusiones perdidas por una generación de jóvenes preparados, parados o

mal pagados será muy difícil de recuperar. El proyecto de una generación de padres que depositó todas sus ilusiones en legar a sus hijos una democracia, frente a la dictadura, se ha hundido de golpe en el peor de los naufragios porque hoy se saben seguros de estar dejando a sus hijos una vida peor que la que ellos tuvieron…

Pero los que nos siguen diciendo que la reforma laboral, los recortes y los ajustes, las pérdidas de derechos y libertades y el entreguismo a Merkel y la Troika son los caminos adecuados para la recuperación de la economía, no son capaces de ver lo que está sucediendo (a lo mejor porque están entretenidos con los sobres de Bárcenas). Hace unas semanas la secretaria general de Inmigración y Emigración, Marina del Corral, se felicitaba por que, por fin, los trabajadores cualificados españoles “hayan dejado de ser locales” y afirmaba que la emigración de jóvenes al extranjero no se debe a la crisis económica sino a factores como “el impulso aventurero de la juventud”. El ministro Wert no se le quedaba a la zaga: el pasado mes de julio en Alemania y ante la dueña de Europa afirmó con rotundidad que, en un mundo globalizado “la fuga de cerebros nunca puede considerarse un fenómeno negativo”, lo que fue ratificado días más tardes por el Gobierno, ante una pregunta parlamentaria de UPyD.

Estamos ante un Gobierno incompetente, entregado a los poderes económicos, insensible ante el sufrimiento de la ciudadanía. Su incapacidad para generar políticas activas no forja sino rabia, impotencia y frustración. Desde hace semanas la ministra Fátima Báñez nos viene anunciando una Estrategia de Emprendimiento y Empleo Joven, pero hasta ahora solo se le ha ocurrido presentar un plan para el autoempleo para que los jóvenes coticen 50 euros durante los primeros seis meses al darse de alta como autónomos, obviando los otros costes de Hacienda, aperturas…etc, además de la triste realidad de que no hay consumo, no hay clientes, no hay créditos y cada día se cierran muchísimas pymes en España. A lo mejor está hablándonos de los falsos autónomos que trabajan de sol a sol para las mismas empresas que nunca les ha hecho un contrato (como es el caso de sanitarios que trabajan como autónomos para clínicas privadas o economistas que se llevan su propio ordenador al banco, que les pone una mesa y les paga de acuerdo con los beneficios que obtenga para la entidad) Quieren hacer de todos los jóvenes unos empresarios, pero recortan las partidas para la educación y para la investigación y se muestran incapaces de generar alternativas económicas a las del ladrillo para crear empleo local.

Y mientras esto sucede, la CEOE no deja de machacar un día tras otro para conseguir implantar “miniempleos”, contratos para jóvenes ligados al salario mínimo o contratos desregulados, susceptibles de generar desigualdades y precarización laboral. Frente a esto, un informe de la OIT denuncia que este tipo de “contratos basura” se han convertido en “una trampa”, que “pospone la transición a un trabajo decente” ya que “normalmente no abren posibilidades a un trabajo permanente o a una posición mejor remunerada”.

La semana pasada cité dos fábulas de los siglos XVI y XVIII inspiradoras del capitalismo y la corrupción, y ahora me viene a la mente una sátira del siglo XVIII de Jonathan Swift: “Una humilde propuesta”: “Para impedir que los hijos de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o para su país y para que se conviertan en algo de provecho para el pueblo”, inventa el método de criar y fecundar niños para después donarlos a familias adineradas para ser cebados y servir de alimento. ¿Les suena?

*Antonio Morales es alcalde de Agüimes. Este artículo fue enviado por su autor a nuestro blog para su publicación.

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Acerca de juanglujan

Juan García Luján es periodista, de las islas Canarias. Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Entiende el oficio de periodista como la posibilidad de informar, comunicar y reflexionar en alto. Todavía cree que es una profesión útil para la sociedad. Después de 20 años de oficio no confunde libertad de empresa con libertad de expresión.
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Una respuesta a ¿Qué les queda a los jóvenes? Antonio Morales*

  1. Sebastián Doreste Abreu dijo:

    Solo un breve comentario a los siempre acertados escritos de Antonio Morales. La hipocresía y el cinismo de los políticos gubernamentales no tiene límites, como el caso que se cita de la Secretaria General de Inmigración y Emigración, MARINA DEL CORRAL, cuando señala que el joven español emigra por “un impulso aventurero de la juventud”, más que hablar, “cacarea”. O como el caso del inefable promotor de la nueva Ley de Educación el ministro WERT que ” no considera negativa la fuga de cerebros”. Muy propio de la lógica de su partido, no interesa ciudadanos que piensen.

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