2012, el año que volvimos a la calle


Casi sin darnos cuenta la calle se había convertido en una comida con los amigos a la orilla de la playa, en un paseo por los parques infantiles con los ojos puestos en la parte alta de los remos, en un estúpido itinerario que se repetía en busca de un aparcamiento libre. Sólo de vez en cuando la calle fue también una noche diferente camino de un concierto o del teatro o manifestación de cuatro gatos.

Pero llegó este 2012 mostrando las garras del desempleo. Y la calle fue laberinto y burocracia, oficinas del Servicio Canario de Empleo que nada tienen que ver con su nombre. La calle fue un espejo de tu propia estatura. Al fin y al cabo, uno llevaba tantos años hablando de los mandamases que escupían a los de abajo, pero siempre lo hacía desde una tribuna.

Y de repente, toma, tanto que defiendes a la calle y te tiran a ella, sin una mínima red para pensar unas semanas. Te ves en la calle con una mierda de prestación que no da para vivir una persona y deben vivir unos cuantos. Y entonces las cosas las viste de distinta forma. El miedo tenía nombre, apellidos, voz y caras. El laberinto tenía caminos interminables. El banco cobra puntual, y Endesa (que ahora tiene un ministro paisano que le echa una mano subiendo las tarifas), y el agua (que también sube mientras los golfos siguen especulando en su nombre).
Por eso, no es que entendieras los gritos de la calle. Ya los entendías antes cuando te acercabas con el micrófono. Es que esos gritos contra la precariedad laboral, contra los banqueros sin alma, contra los gobernantes que están a su servicio, esos gritos “no es una crisis es una estafa”, esos gritos que llamaban recortes de derechos a lo que ellos denominaban “austeridad”, esos gritos que llamaban al pan pan y al vino vino frente al nuevo diccionario del poder, esos gritos eran los tuyos.

Pero no todo fue laberinto, gritos y miedos. También 2012 fue un año de fiestas y sonrisas. De una ventana que se abrió para hacer lo que más te gusta, contar lo que pasa escuchando todas las voces. Un año de encontrar trabajo en lo que me gusta con gente que vive este oficio con ganas. También fue un año que dio la bienvenida al mundo a Miguelito, a Daniela y a Ari, y a algunos otros que trajeron millones de sonrisas a sus casas. Este mundo será de ellos y ellas. Pero para eso antes debe ser de nosotros. No podemos dejarlo en manos de los que estafan hasta con su programa electoral, ni de los que llevan en la poltrona tantos años que se creen dueños de estas islas y de su destino.

Por eso miro a 2013 con optimismo. Frente a la resignación propongo rebeldía, frente al “es culpa de ellos” propongo “nosotros cambiaremos esto”, frente al “no quiero saber nada de política ni de políticos” propongo el viejo “somos animales políticos” que debemos quitar a los que confunden política con poliquitería, a los que confunden la res-pública, con los negocios con lo público, a los que llaman austeridad al recorte de derechos… Tras este 2012 que volvimos tantas veces a la calle propongo que sigamos en la calle sin miedos, sin resignación, con esperanza, con ilusión. Porque el día que el miedo cambie de bando serán ellos, los autores y beneficiarios de la crisis, los que acaben en la calle y en los laberintos o, en el mejor de los casos, en la cárcel.

Pues eso, que espero seguir encontrándome con ustedes en este blog, en las redes, en la calle, este 2013, y que sea para festejar muchas cosas. Como dice la canción de Amparanoia que acompaña esta entrada: Sólo he venido a darte mi abrazo, ya mismo me voy… Este 2013 sean felices o inténtenlo.

Acerca de juanglujan

Juan García Luján es periodista, de las islas Canarias. Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Entiende el oficio de periodista como la posibilidad de informar, comunicar y reflexionar en alto. Todavía cree que es una profesión útil para la sociedad. Después de 25 años de oficio no confunde libertad de empresa con libertad de expresión.
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2 respuestas a 2012, el año que volvimos a la calle

  1. La calle Juan era de algunos, ahora debe ser del pueblo entero en lucha contra esta casta de sinvergüenzas que dicen que “nos gobiernan”. La única salida es la movilización total, pero ya no como algo ocasional o rutinario como hacen los sindicatos amarillos del poder. La alternativa es ocupar cada espacio y no marcharnos hasta que se inicie un nuevo proceso constituyente que como en Islandia los encarcele, a ellos y a la mafia financiera que les paga los vicios y pelotazos. De lo contrario no podremos mirar a la cara a nuestra hijas, cuando se hagan grandes y nos pregunten que hicimos mientras nos robaban la dignidad y el futuro. Un abrazo.

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  2. Sebastián Doreste Abreu dijo:

    Un texto impecable. Una visión realista. Una actitud digna. Una invitación a no dejarse avasallar. Un faro que ilumina el camino de los perjudicados por el sistema. Una invitación a la resistencia y a aunar voluntades para el cambio hacia una sociedad solidaria. El camino será largo, pero hay que emprenderlo. Conocimiento, formación, concienciación sobre las características de la estructura social en que se vive, basada en la especulación y el agio, en cuyo seno domina la corrupción y el egoísmo, para buscar e implantar un sistema de producción económica que satisfaga las necesidades de todos y no el lucro descarado de unos pocos.

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