Murió el hombre. José Carlos Martín Puig*


El mismo año en que moría el dictador español Francisco Franco, 1975, Los Sabandeños lanzaban al mercado un disco muy comprometido “La Cantata del Mencey Loco”. Era entonces época de cambios y en Canarias se oía Radio Canarias Libre emitida desde el exilio por un Antonio Cubillo que levantaba, por segunda vez en la historia insular, la idea de la independencia canaria de España.

Este tema musical, construido a partir de un poema del tinerfeño Ramón Gil-Roldán de Septiembre de 1919, entraba de lleno en lo prohibido por el antiguo pero también nuevo régimen y daba alas a un sentimiento nacionalista y antifranquista muy acentuado en esos momentos en el archipiélago, al cantar la historia del Mencey Beneharo que luchó bravamente cinco siglos antes contra el conquistador castellano. La Cantata llega a su punto culminante en su parte final, una especie de moraleja al estilo popular (“lo cuenta la tradición, también la historia lo cuenta”), rota por el narrador con una frase rotunda: “No fue verdad, murió el hombre”, para a partir de aquí, asistir a una pugna que se convierte en acto de afirmación por la tierra, la ascendencia, los valores perdidos. El grito final del coro que acompaña al narrador convierte el pasaje legendario y su trágico desenlace, la muerte de aquel canario, en un mensaje universal, válido para todos los pueblos que luchan por la libertad: “No puede morir jamás quien de esclavo se libera”.

Recupero hoy estas trazas de nuestra historia, literatura y música nacional canaria para en unas breves líneas rendir un sincero, respetuoso, pero también sosegado y desmitificador homenaje a quien días atrás falleciera, Antonio Cubillo Ferreira que, como el inmolado en los riscos de Anaga, quedará en la historia de Canarias como un digno defensor de nuestra tierra.

Ahora también ha muerto el hombre, como bien reza la cantata aludida, pero no la idea, no la esencia, no las luces que también este caso deja. No muere un Mencey, aunque él tal vez en algún momento así se creyera, aunque sí alguien que se ganó a pulso tener un destacado papel en la historia de una Canarias históricamente silenciada, maltratada, traicionada por propios y no sólo por gobiernos y gentes de afuera. Ha muerto el hombre que concebió mucho más que la bandera que dio identidad simbólica a la canariedad política sincera, también se va una figura política que, adelantó cuarenta años muchas de las reivindicaciones que hoy nos parecen de oportunidad y justicia para un archipiélago que no quiere ser comparsa de nadie si no ser de su futuro dueña.

Aludía la cantata en otra de sus estrofas al mencey que enloqueciera de rabia porque otros a su pueblo el destino de la esclavitud y el sometimiento quisieran y me pregunto cuanta rabia, cuanta dosis de locura, no focalizaría cualquiera que viera su asesinato tan cerca por defender unas ideas, una vida en silla de ruedas como tuvo que sufrir Cubillo porque otros, desde una democracia española que no era, no soportaran sus argumentos y reivindicaciones por radicales que éstas les parecieran.

Quien fuera líder del MPAIAC deja también sombras, controversias, errores fatales y muchas heridas abiertas, pero quien puede decir a ciencia cierta que en su vida no las tiene o a su muerte otros no las reconocieran. Pero deja un legado que ya quisieran otros, una dignidad y coherencia con sus ideas que ya quisieran otros que se apuntan a cualquier bandera, que se venden por estar en una institución o puesto cualquiera. No supo escuchar, no supo modular, no supo entender que la añepa era un símbolo patrio de una autoridad que muere si no se renueva, pero que también quede que se atrevió a llamar a las cosas por su nombre, poner a los herederos del franquismo contra las cuerdas cuando otros opositores se escondían bajos las mesas, llamarse y ser nacionalista cuando esto no era sinónimo de escuálido poder sino de represión, tortura, asesinato y bastarda censura.

Ayer, 10 de Diciembre de 2012, murió el hombre, pero no su anhelo. Porque ese, en cualquiera de las formas que en el presente o futuro tomara, le pasa ya, como al del poema, que ya no morirá jamás, porque a quien no pueden reducir a esclavo en su mente, libre queda y por la libertad seguirá siempre en la brega.

Descansa en paz, Antonio Cubillo Ferreira.

* José Carlos Martín Puig es sociólogo. El artículo fue remitido por el autor a nuestro blog.

A cubillo

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Acerca de juanglujan

Juan García Luján es periodista, de las islas Canarias. Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Entiende el oficio de periodista como la posibilidad de informar, comunicar y reflexionar en alto. Todavía cree que es una profesión útil para la sociedad. Después de 20 años de oficio no confunde libertad de empresa con libertad de expresión.
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Una respuesta a Murió el hombre. José Carlos Martín Puig*

  1. Acorón dijo:

    De lo mejor que he leído sobre la muerte de Antonio, que con sus luces y sus sombras siempre fue un alzado.

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