Carmela Luján cumplió 81 años


El jueves 13 de agosto de 1931 Teodosia Ojeda parió a Carmen Angelita Saturnina, en unas cuevas en la zona de La Vega, en el pago de Juncalillo. La Segunda República española apenas era una niña de 4 meses. Nació Carmela después de Mercedes, Candita y Carlos. La cuarta hija de Antonio Melián, como llamaban en el pueblo a Antonio Luján.

Como no había rey al que rendir tribuno, el diario ABC de ese día ponía en su portada a 11 mujeres que participaban en un campeonato de billar femenino en Barcelona. Ese mismo día, en el pueblo de Holguín, en Cuba, el niño Fidel Castro Ruz cumplía cinco años. El periódico El Progreso informaba de una reunión de carácter interinsular celebrada el domingo anterior para preparar la redacción de un estatuto de autonomía para Canarias.

Todo eso ocurría fuera de las cuevas. Dentro Teodosia daba a luz a Carmela. Comenzaba una nueva vida en una familia que empezaba a crecer. Después vinieron Manolo, Pepe, Orlando, Yara, Miriam, Ernesto. La vida en Juncalillo estaba llena de momentos felices. De cuidar a los hermanos pequeños mientras Teodosia hacía el queso o plantaba, y Antonio intentaba vender el queso. Había que buscar tiempo también para aprender a leer, a escribir, a sumar, a restar con doña Martina. Fue un lujo que Carmela pudiera ir al colegio hasta los 14 años.

Pero en aquella familia numerosa también se lloró mucho. Se lloró la muerte de Mercedes después de una enfermedad cuando tenía 22 años, Mercedes decían que tenía el corazón demasiado grande. Se lloró la muerte de otro hermano pequeño que tenía un año y uno que tenía apenas unos meses. Fueron años duros. Después de la República llegó el golpe de Estado fascista y la guerra. Afortunadamente ninguno de los hermanos estaba en edad de ser mandado al frente, aunque los sublevados se preocuparon de llegar a aquellas lejanas cuevas para pedir dinero para la patria.

Ay, la patria, que Nicolás Estévanez definió como la sombra de un almendro y que también fue la sombra de una lima en la Majadada. La patria fue a veces un plato con gofio que se daba a algunos que se acercaban a casa y no tenían nada en los años de la dictadura. La patria también fue ese olor a puro habano que fumaba Antonio Luján Melián que evocaba a la perla del Caribe donde había emigrado cuando soltero.

Años después de aquella infancia en la que Carmela tuvo poco tiempo de ser niña la familia viajó a Las Palmas. Candita casó y fue a Telde. En el barrio de Arenales Carmela y los hermanos ya no cultivaban la tierra, Teodosia ya no hacía queso para que lo vendiera Antonio que bajaba a Las Palmas a venderlo para comprar sardinas que llevaba a Juncalillo. Ahora había que trabajar en el bar Brasil y en la tienda. Y así pasaban los años Carmela en la tienda y planchando camisas en casa. También hubo tiempo para distracciones, para pasear con amigas por la calle Triana, o para hablar con Segundo en libertad vigilada por Yara o Miriam, que se turnaban en el papel de custodias enviadas por Teodosia, que era feo eso de una mujer soltera hablando sola con un hombre.

Y llegó la boda de Carmela y Segundo el día de Santiago, y la luna de miel en Santa Brígida. La primera casa familiar en la calle Macarena del barrio de Las Rehoyas. Manolo tenía el supermercado cerca y calle arriba, en Pedro Infinito, Carmela abría todos los días la tienda de ropa en Schamann. Llegaron los hijos: Mari Carmen, Mercedes y Juan Ramón. Sin guarderías ni bajas maternales, las criaturas ya estábamos en la tienda a los 6 días de llegar al mundo. Y después a colegios distintos, ellas a las Salesianas, él a San Isodoro. En eso no había discusión con Segundo, los dos están de acuerdo en que había que pensar en el futuro de los hijos, los dos siempre renunciando a la comodidad propia, siempre trabajando sin horarios.

Pero a Carmela le gustaba volver a Juncalillo. Por eso siempre que podía, el domingo arrancaban todos para la cumbre. Unas veces con Pepe y Carmencita, otras con Manolo y con Isabel, otras con Murillo y Loly, siempre llamaba a todos los hermanos para animarlos a subir.También arriba aparecía el tío Bartolo o los otros hermanos. Y allí los chiquillos se encontraban con los primos, allí aprendían los misterios de la vida y la fuerza de un paisaje. Otros fines de semana iba al Calero en Telde a ver a Candita y Laureano y todo el rancho gigante de los 16 hijos, con la acequia en la puerta.

Lo más duro llegó con los tres hijos ya nacidos. Murió Teodosia. Marchó la madre en el mismo minuto que Carmela sintió que se iba, aunque no estaba a su lado. La madre referencia, la madre sabia, la madre de los consejos, la madre de las recetas mágicas, la madre de doce chiquillos, la madre que educaba con la vista… Carmela no supo llorar esa muerte, no aceptó el verbo resignación y por eso las lágrimas fueron por dentro. Y de esa muerte nació mucha vida, la energía de la memoria de Teodosia que desde entonces nunca se fue, que aparece en cada conversación, en cada problema, en cada ausencia, en cada presencia.

“Mi madre decía…” es la frase más repetida por Carmela en estas ocho décadas de vida. Después vinieron otras marchas, otras ausencias, otros llantos. Pero también vino mucha vida. La familia creció con sobrinos. Con hijos de sobrinos. Y Carmela se hizo abuela. Y cerró la tienda. Y se ofreció a cuidar a las nietas y al nieto cuando hiciera falta. Con el nido vacío, los tres hijos fuera de casa. El caldero seguía haciendo grandes comidas, llamadas diarias, vengan por aquí, hice un montón de arroz, me sobró tanto potaje, si no te llevas el pescado tendré que tirarlo…Así Carmela sigue intentando cuidarnos a todos. También a sus hermanos, cuñados y cuñadas. En la memoria siempre guarda un hueco para grabar cada enfermedad, grande o pequeña, para llamar a preguntar qué te dijo el médico.
Así es como Carmela domina el mundo. Ella que nació en la República y creció en una dictadura, ejerce de reina sin corona. El resto somos la plebe, el pueblo que recibe los decretos reales en forma de consejos. Uno se pregunta cuántos papeles ha interpretado Carmela en estos ochenta años: hija, madre, hermana, tía, esposa, cuñada, abuela, empresaria, trabajadora, ama de casa, sicóloga, pediatra, médica, periodista, política. .. Y todos los papeles con la cabeza alta, con liderazgo, con la apariencia de seguridad que da la gente sabia, la gente que se hace tantas preguntas por dentro.

Es imposible devolverle a Carmela todo el amor que le debemos. Siempre nos faltará tiempo para pagarle tanta entrega. Sería inútil pretender resumir en dos folios ochenta y un años de vida intensa, de latidos de un corazón tan grande. Tampoco hay espacio ni tiempo para recordar todos los consejos que Carmela nos ha dado a todos. Lo mismo te recomienda una medicina que a ella le va bien, que pone una vela para que se le pase la fiebre a una nieta. Ella, que subía y bajaba montañas para buscar el agua, se preocupa porque hoy vas a hacer la laaaaarrrga distancia yendo de San Roque a Guanarteme. Si te oye toser te prepara limón con miel, te deja una bufanda y te aconseja que cierres la boca al salir de casa. Ella sigue hablando con los hermanos pequeños como lo que son, sus hermanos pequeños. En la tienda hacía el papel de empresaria, pero también de consultora y de sicóloga. Una clienta venía a comprar un pullover y se llevaba el pullover, tres ovillos de lana, los consejos sobre cómo mejorar las relaciones con el novio o cómo hacerte un agüita para el dolor de barriga.

Por su cumpleaños Carmela no pide ceremonias solemnes, ni homenajes en un palacio. Ella se conforma con volver al olor de Juncalillo, a la brisa de La Vega, al sonido de la fiesta de la rama que este 13 de agosto, día en el que Carmela cumple 81 años, está celebrándose en la tierra de papas y millo, en el pueblo que dio aquellos quesos que hacía Teodosia y vendía Antonio, (entre los mejores quesos del mundo, está el de Barranco Hondo, escribió Viera y Clavijo). Carmela se conforma con reunirnos a todo bajo el sol de Juncalillo, al sabor del sancocho de Domi y Orlando. Este año no pudo ser, el año pasado sí lo logró y celebramos sus ochenta en Juncalillo. No estaban todos los que querían estar, pero sí todos los que pudimos estar allí. Este 13 de agosto Carmela cumplió 81. “Jesúúús …ochenta y uuno, yo que no pensaba pasar de los 69 que cumplió mi madre”, nos dijo en la visita que le hacíamos esta mañana a su casa, para felicitarla. Su niño pequeño tenía que ir a trabajar a la radio para hablar del fuego en La Gomera, así que no hubo tiempo para subir este texto al blog, este pequeño homenaje que le escribí para la fiesta de los 80 años en Juncalillo. Antes de que acabe este 13 de agosto enseño el texto al mundo como renovado homenaje, que ya habrá tiempo de escribirle otro para cuando cumpla los 90. Felicidades y gracias por tanta vida Carmela.

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Acerca de juanglujan

Juan García Luján es periodista, de las islas Canarias. Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Entiende el oficio de periodista como la posibilidad de informar, comunicar y reflexionar en alto. Todavía cree que es una profesión útil para la sociedad. Después de 20 años de oficio no confunde libertad de empresa con libertad de expresión.
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4 respuestas a Carmela Luján cumplió 81 años

  1. Antonio el cubano dijo:

    Precioso homenaje, Juanito, un homenaje a Carmita y, también, a todas las personas de nuestras medianias y cumbres que bajaron a Las Palmas a buscar una vida sin tantos sasacrificios, pero que nunca olvidaron sus orígenes. Mucha es la gente que puede verse reflejada en esta historia hermosa y muchos somos los que nos sentimos orgullosos de compartir esos orígenes. Como dijo Martí: “sólo podemos dejarle a nuestros hijos raíces y alas”. Abrazos.

  2. Migeloucho Marx dijo:

    Juan, hermoso artículo o quizas escrito, o tal vez recuerdos, pienso en bonitas esencias de la vida misma transmitidas a través del tiempo desde el interior de nuestra tierra hasta la orilla del mar, felicidades a ambos.

  3. EXPEDITO SUÁREZ dijo:

    DÉCIMA DEL TAXISTA
    Hoy toca felicitar
    con mi décima espinela
    a una madre a una abuela
    a una mujer ejemplar.
    Carmela se hace llamar
    y es digna de reverencia.
    En su familia es la esencia
    ya que guarda en armonía
    Un mar de sabiduría 
    tan solo con su experiencia .

    El pueblo de Juncalillo
    fue donde vino a nacer
    pero ya se hizo mujer 
    muy cerca del Barranquillo.
    Vendiendo  papas y millo
    supo dar educación.
    Yo tengo la convicción 
    que ella siempre reconcilia
    por eso es que su familia
    la lleva en su corazón

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