Y si Europa fuera África… Juan Montero Gómez*


Hace algunos años escuché, bajo el título “Las luchas por la segunda liberación de África” una conferencia de mi amigo economista y matemático senegalés, fundador del Foro Africano de las Alternativas, Demba Moussa Dembélé, en la que nos hablaba de las diversas alternativas endógenas africanas para luchar contra el expolio y la violación sistemática que el resto del mundo practica con ese continente. Demba lleva años pensando soluciones, trabajando alternativas que saquen a África de la pobreza, la dependencia y el atraso. Antes de separarnos, nos pasó al resto de los ponentes un panfleto suyo titulado: “Repensar el desarrollo en África”. Una relectura actual de ese documento es lo que me ha llevado a retocar apenas un antiguo texto y, sobre todo, cambiarle el título por este otro que parecía estarle destinado.

El documento de Demba Moussa Dembélé parte de la idea de que el desarrollo tiene que ser el objetivo más importante a alcanzar por los países africanos. Ahora bien, este desarrollo, que ha de ser endógeno y orientado a la satisfacción del bienestar de las poblaciones, tiene que fundarse en un nuevo paradigma que nada tenga que ver con el fracasado paradigma neoliberal que impulsaba un modelo de crecimiento basado en las exportaciones y en el que, las deficiencias estructurales de las economías africanas y el deterioro de los términos de intercambio, entre otros motivos, nos ha dejado la crisis de la deuda externa como uno de los máximos exponentes de su fracaso.

Es esta crisis de la deuda externa la que, según Demba, sirvió de pretexto a la intervención del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.
Esta intervención se produjo en dos etapas; en primer lugar se llevaron a cabo programas de estabilización cuyo objetivo básico era una compresión de la deuda doméstica a través de la austeridad presupuestaria y del control del crédito. Un análisis insuficiente de la situación de los países africanos y de sus problemas estructurales, llevaron al fracaso de estas políticas y provocaron el advenimiento de la segunda etapa de medidas tomadas por las Instituciones Financieras Internacionales, los llamados Planes de Ajuste Estructural, implementados en la década de los ochenta del pasado siglo, y cuyas consecuencias económicas, sociales y políticas fueron aún más desastrosas para el continente africano.

Hay que destacar que los principales objetivos de estos programas de ajuste fueron: el desmantelamiento del sector público y para-público, la liberalización del comercio, la desregulación del mercado doméstico, el levantamiento de los controles sobre los movimientos de capitales y el debilitamiento de la Función Pública.

El fracaso de estos modelos lleva al autor a concluir la incapacidad inherente al capitalismo a la hora de buscar salidas a la situación histórica y actual del continente. Según sus propias palabras: “… En su esencia, el neoliberalismo es una negación del desarrollo. Su visión reductora y anquilosada de este concepto muestra la extrema pobreza de este sistema en su tratamiento de los problemas fundamentales ligados al desarrollo económico y social. En efecto, en el sistema neoliberal, “desarrollo” rima con expansión de los mercados. Tal concepción se deriva de la ideología que sostiene este sistema, a saber, que toda producción no tiene sentido más que en la medida en que está destinada al intercambio. De esta concepción se desprenden dos conclusiones principales.

La primera es que el “desarrollo” es asimilado esencialmente al crecimiento económico. La segunda es que el actor privado debe ser promovido como “motor de crecimiento”. Bajo el vocablo generalista de “buena gobernanza”, las políticas neoliberales buscan favorecer al sector privado vaciando al Estado y a otras instituciones públicas como la Asamblea Nacional de todo poder de decisión y de control.
“Buena gobernanza” significa en definitiva: privatización de las empresas públicas y de los servicios básicos; concesión de incentivos fiscales para atraer las inversiones extranjeras directas; levantamiento de los controles a la libre circulación de capitales, bienes y servicios; instauración de la “flexibilidad” del mercado de trabajo (débil protección social, facilidad en el despido, debilitamiento de los sindicatos…); protección de la propiedad privada y concesión de “tratamiento nacional” a las inversiones extranjeras…”.

Frente a estas políticas neoliberales que han provocado, en los últimos cincuenta años, un fuerte aumento de la pobreza y de la marginalidad del continente africano, ¿cuáles serían para Moussa Dembélé los pasos a seguir, las alternativas que sustentarían un nuevo paradigma de desarrollo?.

En primer lugar, se impone una auténtica ruptura con las políticas impuestas por el sistema dominante. Para lograrlo, se debe restaurar la confianza. Los africanos deben comprender, aceptar y asumir que sólo ellos/ellas han de ser los arquitectos de su desarrollo. En segundo lugar, hay que acentuar la crisis de legitimidad y el descrédito del modelo neoliberal acelerando el hundimiento de mitos neoliberales como el “libre cambio” y el “libre mercado”. Se trataría en definitiva de minar las bases ideológicas del integrismo de mercado, mostrando la estrecha relación entre las políticas del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional y de la Organización Mundial del Comercio -parece que en todos lados la cosa va de troika- y el deterioro de todos los indicadores de desarrollo en África.

La dimensión ideológica de la ruptura podría resumirse diciendo que “… Un desarrollo real y autónomo de África es imposible dentro del marco del sistema dominante. Sólo sería pues posible dentro de una alternativa al capitalismo mundial…”.

Así pues, y a corto plazo, el desarrollo de África implica la recuperación del control sobre sus recursos y los sectores clave de su economía. Esto conlleva a ralentizar los procesos de integración en el mercado mundial –una cierta desconexión temporal- que permitiría a los países africanos diferir la aplicación de algunas de las medidas de la Organización Mundial del Comercio, en tanto en cuanto no se hayan valorado suficientemente el impacto de estas medidas en las economías del continente.

En lo referente a la dimensión política de esta ruptura, habría que identificar por un lado las fuerzas políticas y sociales capaces de llevar a buen término el nuevo modelo de desarrollo, y por otro rehabilitar al Estado y a las instituciones públicas como auténticos instrumentos de desarrollo. El Estado debe estar en el centro del desarrollo y no en la periferia como preconizan los ideólogos de las instituciones neoliberales.
Así, Demba Moussa Dembélé, nos dice refiriéndose a esta necesaria ruptura: “… Sin prejuzgar el contenido último de este Otro Desarrollo, podemos sugerir que la ruptura con el paradigma dominante implica el rechazo del modelo de crecimiento basado en las exportaciones… En lugar de este modelo, el crecimiento debe ser impulsado, principalmente, por la demanda proveniente de los mercados subregionales suficientemente integrados. Una estrategia como esta se inscribe en la lógica de una búsqueda que reposaría en un sistema de producción y de intercambio orientado, prioritariamente, a satisfacer las necesidades locales, nacionales y subregionales. Una estrategia que debe fundamentarse en dar prioridad a la satisfacción del bienestar de las poblaciones…”.

Las políticas de ruptura aquí esbozadas quedarían reunidas en lo que el autor denomina la teoría de las 3R: Resistencia, Reorganización y Resurgimiento.
Resistencia al orden neoliberal cuestionando todos los acuerdos y políticas contrarios a los intereses de África. Esto permitiría una cierta desconexión del sistema mundial que llevaría a África a repensar, reorganizar sus economías, facilitándole explorar y promover un nuevo paradigma concebido por y para los africanos y basado en el desarrollo endógeno. Estas dos fases iniciales (Resistencia y Reorganización), deberían procurar al continente africano la recuperación de la confianza en su capacidad de pensar e impulsar su desarrollo. Así expresa Dembélé el Resurgir del continente: “… Habiendo reorganizado su economía, reconstruido los Estados de desarrollo, realizado su unidad y asegurado su cohesión política, África estaría en condiciones de reintegrarse al sistema mundial en una posición que le permitiría negociar sobre unas bases más favorables con los otros países del mundo y con las instituciones multilaterales. Ya no se encontraría nunca más en una posición de sumisión al sistema, sino como actor cuyos puntos de vista y sus intereses serían tomados en serio por los demás países…”.

Y ya para terminar, Dembélé, en clave de buen economista, nos habla de cuales han de ser algunas de las fuentes de financiación de este modelo de desarrollo autónomo para África. Este desarrollo debe apoyarse según él en la combinación de los siguientes elementos:
– Movilización del ahorro nacional a través de políticas monetarias y fiscales novedosas.
– Recursos derivados de la anulación total de la deuda africana.
– Repatriación de los activos robados y depositados en los bancos occidentales.
– Recursos provenientes de las remesas de los trabajadores emigrantes.
– Primar las Inversiones Directas Extranjeras que supongan una transferencia real
de tecnología.
– Reparación por los crímenes perpetrados contra África.
– Explorar nuevas fuentes como pueden ser impuestos sobre tecnologías contaminantes.
– Impulsar la cooperación con los otros países del Sur. Desarrollo de las relaciones Sur-Sur…
Algunas de estas medidas, como podemos ver, podrían sernos perfectamente aplicables. Leyendo este panfleto años después comprendemos hasta que punto nos han ido africanizando Europa. Tal vez haya quienes todavía no lo hayan entendido pero nos están inyectando las mismas medicinas, ¡qué digo medicinas, los mismos venenos!. Como decía, entre otros, el catedrático de Filosofía y Teoría del Derecho y del Estado de la universidad de Puerto Rico, Carlos Rivera Lugo, ¡se trata del capitalismo, estúpidos!.

*Juan Montero Gómez es africanista. Ha participado en la celebración del Foro Social Africano en diferentes países, y ha dado conferencias sobre África en las islas y en el continente vecino. Responsable del Aula de África en la Cátedra Unesco de Gran Canaria.También es colaborador de Guinguinbali.com. Este artículo fue enviado por el autor a nuestro blog para su publicación.

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Acerca de juanglujan

Juan García Luján es periodista, de las islas Canarias. Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Entiende el oficio de periodista como la posibilidad de informar, comunicar y reflexionar en alto. Todavía cree que es una profesión útil para la sociedad. Después de 20 años de oficio no confunde libertad de empresa con libertad de expresión.
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