Duelo de timplistas


Con seis años aprendí a tocar el timple. Fue en el barrio de Schamann gracias a mi vecina Angelita y a Juan Carlos, el de Los Gofiones. Mis torpes oídos aprendieron a afinar las cinco cuerdas tocando la isa en dos tonos diferentes. En la fuga de San Diego, después de alguna verbena en el campo o en asaderos el timple se convirtió en un buen acompañante para parrandear a gusto, los días que no queríamos quedarnos en las lloradas de los cantautores más clásicos y algunas horteradas imprescindibles.

Reconozco que lo tengo demasiado abandonado y que me doy cuenta cuando veo a mi hijo haciendo el machango rasgando las cuerdas del viejo timple al ritmo de alguna canción rockera. Hablo del timple clásico, no de aquel instrumento que José Antonio Ramos transformó para meterlo con fuerza en orquestas y bandas, como protagonista de músicas universales. Más de una vez hablé con José Antonio del retraso cultural de nuestras autoridades incompetentes. Llevábamos más de una década de nacionalismo institucional y el timple seguía sin ser reconocido como el instrumento nacional canario, como un instrumento mayor de edad con la misma categoría que otros que se enseñan oficialmente en los conservatorios de música que pagamos con dinero público.

José Antonio se nos fue para siempre y miles y miles lloramos. La reacción popular logró arrancar algún comunicado gubernamental de lamentaciones, pero el timple sigue en el mismo rincón. A fecha de hoy el timple no es un instrumento que se enseñe en el conservatorio, frente a los instrumentos tradicionales que sí se enseñan en Euskadi, Galicia o Cataluña. Por eso ahora acudo con tristeza a este espectáculo de timplistas, a Benito Cabrera retirando su villancico de las manos del gobierno y a Totoyo respondiéndole con un timplazo en los besos, echándole en cara al conejero su situación privilegiada como músico de la Corte, como receptor del maná de las perras públicas, como el elegido por el poder para inventar orquestas, componer himnos o felicitarnos las navidades.

Las críticas de Totoyo podrían ser aplaudidas en un debate con el gobierno, pero la frase de “yo estuve esperando dádivas” delata un resentimiento que tira por la borda la crítica necesaria a la política cultural. Totoyo Millares debería ser una institución viva que no dependa de dádivas ni homenajes. Su contribución a la enseñanza del instrumento nacional canario (decenas de miles de estudiantes) no ha sido reconocida con el desprestigiado Premio Canarias, y el viejo músico ahí sigue con una miserable pensión y sin ser convocado a tantas celebraciones con dinero público, a tantos escenarios levantados con dinero de todos para gloria exclusiva de los afines.

El timple está llorando hace años, señores, no sólo por la muerte de Jose Antonio, sino porque sigue sin ser reconocido, porque algunos se creían que lo que necesitaba era un museo. Hay razones para un duelo de timplistas, pero no para el duelo entendido a la vieja usanza, retando un caballero al otro a dispararse facturas, contratos y acuerdos con el poder. Hay razones para un duelo de los de siempre, duelo de pena, para echarse a llorar todos por la situación de la cultura y del timple. Porque el timple es algo más que un elemento para decorar un mitin o un mensaje de patriotismo de salón. Por eso estaría bien que cuando los timplistas salgan al escenario nos emocionen con folias, isas o polkas majoreras.

Pero si los timplistas quieren hablar, que se olviden de sus carteras, de sus cuentas corrientes, de las dádivas, y que cuenten lo que piensan de la cultura, de la identidad canaria, del poder que utiliza la identidad como el lobo se ponía el traje de la abuela de caperucita , para comernos a los inocentes. El día que los culturos hablen con un lenguaje diferente al de los mercaderes, tú me diste, sólo le diste a él, pues anda que lo que se mamó tu productora…el día que se olviden del reparto del antiguo maná (eso sí, después de hacer una auditoría) o de las actuales miserias, el día que todos salgamos a defender la democracia entendida como participación y transparencia, y no como hábito que esconde el clientelismo para familiares, militantes y afines, ese día habremos dado un pasito más en el camino que hay que recorrer para llegar a ser una sociedad culta y desarrollada.
En twitter: @juanglujan

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Acerca de juanglujan

Juan García Luján es periodista, de las islas Canarias. Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Entiende el oficio de periodista como la posibilidad de informar, comunicar y reflexionar en alto. Todavía cree que es una profesión útil para la sociedad. Después de 20 años de oficio no confunde libertad de empresa con libertad de expresión.
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6 respuestas a Duelo de timplistas

  1. Alabama dijo:

    Bueno, lo de Totoyo tienes razón, olía a resentimiento; pero no le faltaba razón en todo lo que decía. Nos empeñamos en construir una nación canaria a costa del silencio de una de las partes que incapaz de denunciar lo que hace la otra. Si como él, desde todos los ámbitos institucionales se denunciara la discriminación que sufre la provincia de Las Palmas en todos los aspectos, pondríamos fin a ese discurso fariseo, cargado de cinismo, que supone la patria única canaria. Lamentable que tengo que haber un recorte del 60% del prespuesto de Cultura para conocer estas miserias. Estas realidades que, al fin al cabo, son las que mueven el mundo.

  2. Ruben Artiles. dijo:

    Lastima que cuando el bolsillo se vacia se nos llene la boca de improperios…

  3. Luis dijo:

    Juan, me parece satisfactoria tu declaración pero permíteme una simple cuestión: duelo de timplistas. Una de las partes está clara y manifestada públicamente ¿y la otra? no me parece correcto que se use la palabra “duelo”, “guerra”, … y otras aparecidas públicamente, de forma tan gratuita, a sabiendas de las guerras infelices que se están librando en tantos territorios. Guerras reales que no entienden de cultura y de sentido común. Esto que nos ocupa es en realidad un fenómeno que tenemos que afrontar y cambiar entre todos. La cultura es muy seria para dejarnos llevar por visceralidades unilaterales de unos o de otros. A ver si entre todos canalizamos los esfuerzos para trabajar por una cultura pública, democrática, accesible y de calidad. Saludos

  4. franco dijo:

    Si no es por jose antonio ramos TOTOYO hubiera muerto en cualquier esquina de la isla, del abandono y por que no tenía ni un duro, que iba a seguir esperando que algun politicucho de turno tuviera lucidez cultural antes que inflarse los bolsillos???, que lo sepas, mientras el otro se embolsa miles de euros en cada proyecto que le da por sacar, la mayoria de una calidad que deja mucho que desear.

  5. Marina dijo:

    No tengo palabras para expresar lo que siento, después de leer el artículo. A día de hoy como bien dices quien paga el pato es nuestra cultura, como siempre. De todas a por todas seguimos siendo incapaces desde nuestros hogares, colegios, y no sigo los escalones porque del gobierno mejor no hablar, unas islas afortunadas para una panda de mamones que quieren una vez más acabar con la cultura de un pueblo, que pierde su identidad con sólo enseñar un euro. Besos y comparto como no, a ver si se entera alguien más.

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