El ejemplo de Islandia


¿Te acuerdas? En aquel octubre de 2009 descubrimos Islandia. Rita Martín mandó a 100 embajadores canarios a bailar sobre el hielo. La fiesta comenzó en el avión, vino y champán para el gobierno y los directivos de la agencia organizadora, agüita con gas (qué lujo) o sin gas para los voluntarios. Comparte nuestra fortuna, decía el lema. No sabía Rita que los bancos de Islandia habían quebrado un año antes y que allí, lo único que podían compartir era un montón de deudas. Pero bueno, les dejamos unos eurillos y algunos enviados especiales se hicieron famosos por sus despelotes en la nieve.

Ahora nos vuelven a hablar de Islandia. Nosotros perdimos la fortuna de tener a Rita de consejera de Turismo aunque seguimos pagando los desafortunados millones que costaron sus Ppopulares campañas (dicho sea sin ánimo de señalar). Los islandeses no quisieron compartir nuestra fortuna, se quedaron allí, no estaban para gastos. Parece que son muy suyos. Tampoco quieren compartir los infortunios de sus bancos. Este fin de semana el gobierno convocó un referéndum y preguntó si el Estado, o sea el pueblo, debe pagar al gobierno británica los 5000 millones de euros que le reclama por la quiebra del banco Icesafe. El 60% votó que no.

Si el dinero no tiene patria, ¿por qué los bancos se apuntan una bandera cuando quiebran y no conocen a nadie cuando te cobran por toser en una oficina o por abrir la carta donde te informan que te cobran una comisión por mandarte ese sobre? Es la segunda vez que les preguntan a los islandeses y la segunda vez que responden lo mismo: No queremos pagar los errores de los banqueros. En la primera ocasión el 93% dijo un no rotundo. El gobierno islandés convocó un nuevo referéndum este fin de semana que ha estado marcado por las presiones del gobierno británico y del holandés (que amenazan con vetar la entrada de Islandia en la Unión Europea) y el chantaje de las agencias de calificación como Moody’s que había dicho que podría rebajar el rating de Islandia en caso de que saliera el “no”. Pues salió el no.

Dicen que Islandia es una de las democracias más antiguas del mundo y quiere seguir siéndolo, por eso su gobierno antes de tomar decisiones drásticas las consulta a sus ciudadanos. Ellos son los que van decidiendo. Allí los banqueros no van al palacio presidencial a opinar sobre reformas económicas y políticas después de haber despedido y prejubilado a miles de trabajadores para multiplicar sus beneficios, allí no se dedica Botín a recomendar que se congelen las pensiones mientras él y los miembros de su consejo de administración se aseguran una pensión de varios millones de euros. En Islandia los banqueros ni están ni se les espera, huyeron del país cuando se enteraron que quieren meterlos en la cárcel por haber jugado con el dinero que no era suyo.

Los gobiernos de la Unión Europea no aceptan la soberanía del pueblo islandés y se empeñan en imponerles una deuda que no es suya. El banco Icesave es una empresa privada que tenía unos directivos. En lugar de perseguirlos por tierra, mar y aire, los gobiernos de Gran Bretaña y Holanda denuncian ante los tribunales al gobierno de Islandia para que pague los miles de millones que ellos dieron a los clientes del banco islandés que quebró.

Un pueblo de 320.000 habitantes está desafiando a los gobiernos de la resabida Europa, a las agencias de calificación y a los especuladores financieros. Y perdón por la redundancia. Porque está todo tan mezclado, gobiernos, banqueros y agencias de calificación, que es difícil diferenciarlos.

En Islandia sí se les puede diferenciar. El gobierno pregunta al pueblo, los ciudadanos deciden y los ladrones van a la cárcel. Se habla de Islandia como la revolución silenciada porque hoy en día simplemente pedir que decidan los ciudadanos es revolucionario. Los islandeses derribaron el gobierno del conservador Geir H. Haarden en 2009. Después redactaron una nueva Constitución que permite encarcelar a los grandes ladrones de cuello blanco. De las elecciones anticipadas de abril de 2009 salió el Gobierno de coalición formado por la Alianza Social-demócrata y el Movimiento de Izquierda Verde, liderado por la primera ministra Jóhanna Sigurdardóttir, que convocó en marzo del año pasado un referéndum que rechazó las negociaciones con los gobiernos holandés y británico para devolver los 3.700 millones de euros de la quiebra de Icesave, también están promoviendo un proyecto de ley que pretende crear un marco jurídico destinado a la protección de la libertad de información y de expresión y una nueva Constitución que sustituye a la de 1944 y garantiza una democracia realmente participativa.

Los islandeses también lo están pasando mal. Tienen problemas de desempleo y los salarios se están congelando o reduciendo. Además deben pagar el préstamo de casi 2000 millones de euros al Fondo Monetario Internacional. En el referéndum del sábado recibieron muchos mensajes para votar que sí al pago de la deuda de uno de sus bancos: ingleses y británicos le rebajarían los intereses, las agencias de calificación no les bajarían la puntuación y sería más fácil entrar en la Unión Europea. Pero fitetú que ninguno de esos mensajes sirvió, prefirieron hacer un corte de mangas a especuladores financieros, banqueros y a los gobernantes británicos y holandeses (perdón, de nuevo por la redundancia).

Frente al deslumbramiento de las presuntas revoluciones en el norte de África que tanto difunden los medios internacionales (todavía no está demostrado que realmente en Túnez y Egipto hayan cambiado el poder), la revolución pacífica del pueblo islandés está siendo silenciada o menospreciada. No interesa que miremos al pueblo islandés como un ejemplo de democracia participativa. Los medios de comunicación de masas (en muchos casos controlados de forma directa o indirecta por la banca), consideran que es una mala noticia que en Islandia funcione la democracia, y es una de las pocas malas noticias que no quieren publicar. Alguien lo escribió en alguna pared con spray: “Nos mean y la prensa dice que llueve”.

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Acerca de juanglujan

Juan García Luján es periodista, de las islas Canarias. Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Entiende el oficio de periodista como la posibilidad de informar, comunicar y reflexionar en alto. Todavía cree que es una profesión útil para la sociedad. Después de 20 años de oficio no confunde libertad de empresa con libertad de expresión.
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