La peor legislatura


Uf, menos mal. Se acabó. En estos dos próximos meses sólo les pagaremos los sueldos. No tendremos que pagarles las dietas y los hoteles para tantos plenos inútiles, para frenar iniciativas legislativas populares, para legislar al margen de la sociedad, para desproteger nuestra naturaleza ignorando a la comunidad científica, para reuniones de comisiones parlamentarias con preguntas sin respuestas, con ocultación de información, con espectáculos circenses, con mentiras contadas con solemnidad, con una costosa, inútil y vergonzante comisión de niños desaparecidos, con la productividad laboral más baja de las últimas legislaturas, con plenos de la nacionalidad hablando de Zapatero y huyendo del debate sobre el desempleo, la educación o el futuro de las islas.

No sé si lo han notado, pero esta legislatura que acabó este miércoles con el último pleno del Parlamento de Canarias me parece la peor de las que hemos vivido en la corta historia de la autonomía canaria. Los primeros años de esto que llaman democracia los seguí por los periódicos y los telecanarias. Los cinco años que estudié fuera me suscribí a un periódico isleño para seguir conectado a lo que pasaba por aquí. En el frío Bilbao leía las columnas de Pepe Alemán con varios días de retraso, y con él aprendí a reirme de los espectáculos de sus señorías. Hace dos décadas que sigo la pista de forma directa a lo que pasa en el Parlamento. Conocí el salón de la calle Teowaldo Power cuando en el banco azul se sentaban Jerónimo Saavedra y Manuel Hermoso, en aquel pacto de hormigón que se quebró como la aluminosis, con aquella censura fraguada en la suite que tenía en el Hotel Iberia un antiguo legionario experto en movimientos de maletines. En esos pasillos escuché conversaciones apasionadas, en esos plenos he visto a diputados capaces de dormir una siesta aprovechando los monólogos de José Miguel González. Presencié dos mociones de censura, cuatro investiduras, varias reprobaciones parlamentarias, un aviso de bomba, parodias de comisiones de investigación, tres rupturas de gobierno…

Después de ver todo eso se podría decir que esta fue una legislatura estable. Pero sería falso. Fue una legislatura estancada y antidemocrática. Por primera vez el Parlamento frenó la renovación de los órganos de control del gobierno durante cuatro años, por primera vez las prórrogas pasaron todos los límites y en una gigantesca falta de respeto a los electores no se trasladaron los resultados electorales al Diputado del Común, a la Audiencia de Cuentas, al Consejo de Radio Televisión Canaria y al Consejo Consultivo. Por primera vez hemos tenido cuatro años seguidos a un presidente que representa a la tercera fuerza política en votos. Por primera vez en un debate de investidura el presidente no se atrevió a tener un cara a cara con el representante del partido que le iba a votar en contra. Por primera vez el líder del partido más votado no duró un año en el Parlamento y las mayores conspiraciones políticas se dieron dentro del grupo de la oposición.

Todo esto ha pasado en los últimos cuatro años y este miércoles los portavoces parlamentarios se limitaron a pedir disculpas porque “ha sido la legislatura de mayor crispación y radicalidad de la historia” (Soria dixit) ¿pero, PP Manolo, no decían ustedes que el único crispador era López Aguilar y él apenas estuvo 9 meses?, pidieron disculpas porque “no hemos podido dar respuesta a todos los problemas” (Barragán dixit) pero, señor portavoz de la minoría gobernante, ¿acaso solucionaron ustedes algún problema en estos cuatro años, acaso escucharon a nuestra gente cuando salió a la calle a pedir mejor sanidad y mejor educación?, en su balance el PSOE destacó que “fue una legislatura sui géneris, porque no gobernó quién ganó” (Hernández Spínola dixit), ¡qué casualidad, Paco, lo mismo le pasa al PSOE de Tenerife!

Que quede claro que esto es una crítica general, hubo honrosas excepciones de diputados y diputadas que trabajaron bastante, que hicieron lo que pudieron o lo que les dejaron sus jefes de grupo. Pero la pose de autocrítica que hicieron ayer los portavoces parlamentarios pone una guinda de cinismo a una legislatura para olvidar. Porque cuando se da la espalda a la gente de esa forma no se puede luego venir a pedir disculpas en el último pleno diciendo “perdón si ofendimos a algún diputado”, “a lo mejor dimos mal ejemplo”. Leyendo las crónicas de ayer sobre la presunta autocrítica me dio la sensación de que habían tocado en la puerta de mi casa unos tipos que han estado cuatro años robándome la cartera, montando juergas con mi dinero, riéndose de mis necesidades y, en el último minuto, cuando ya se van a retirar, vienen a decirme: “oiga, perdone si le molesté”. Y claro, entonces yo tengo que expresarles lo que siento: “No pasa nada, señores, disfruten de estos dos meses que les quedan cobrando sin trabajar, espero perderles de vista mucho tiempo, váyanse a pulpiar a la marea”.

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Acerca de juanglujan

Juan García Luján es periodista, de las islas Canarias. Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Entiende el oficio de periodista como la posibilidad de informar, comunicar y reflexionar en alto. Todavía cree que es una profesión útil para la sociedad. Después de 20 años de oficio no confunde libertad de empresa con libertad de expresión.
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