Saavedra y la música


Me gusta cómo suena esa música. Fue la respuesta que Jerónimo Saavedra dio en el verano de 2006 a un grupo de compañeros de partido que le plantearon la posibilidad de ser el candidato a la alcaldía de Las Palmas de Gran Canaria. El histórico dirigente socialista quería ser candidato a la presidencia del gobierno, pero en la sede de Ferraz consideraban que su tiempo había pasado y estaban intentando convencer a López Aguilar que no quería dejar el ministerio de Justicia para venir a un destino incierto. El aparato del partido maniobró para convertir a Jerónimo Saavedra en candidato y el vecino de Vegueta declaró su amor a la ciudad.

Están acabando los primero cuatro años de un gobierno municipal que ha desafinado tanto que el director de la orquesta ha tenido que cambiar a la mayoría de los músicos. Paradójicamente el mandato de Saavedra podría acabar sin música en las escuelas municipales. En noviembre de 2009 finalizó el contrato con Vanyera, la empresa que ganó el concurso que convocó el alcalde Soria en 2002.

Como ocurrió con las escuelas infantiles, la concejala de Educación Marcela Delgado no supo preparar con tiempo suficiente el nuevo concurso (la concesión de Vanyera terminó en 2007 y la prórroga en 2009). Bueno, llegó a elaborar un borrador de concurso que no contemplaba la subrrogación del personal (teniendo como alcalde a un catedrático de Derecho al Trabajo). Tampoco se planteó asumir la gestión pública de las escuelas, un servicio que prácticamente se paga con el dinero que cada mes aportan los alumnos. Al final, como ocurre con otros servicios municipales las empresas se limitan a poner la mano para recibir dinero del ayuntamiento y de los usuarios. En este caso Vanyera pone el personal, las instalaciones son municipales y los instrumentos de música los ponen los alumnos.

Estamos hablando de 1700 niños y no tan niños que dedican parte de su dinero y tiempo libre a aprender música. Hablamos de 51 trabajadores que han estado callados los últimos años, haciendo gala de una paciencia infinita ante la desidia municipal, que ha permitido que se den clases en un colegio con más de cuarenta años al que se le caen los techos. A pesar de la crisis económica y del precio de la mensualidad (una media de 40 euros al mes sin apoyo de becas para los que carecen de recursos, sólo hay algunos descuentos por la renta) la gente se sigue apuntando porque a ellos, como al alcalde, les gusta la música.

No estamos hablando de un problema presupuestario, porque la mayor parte de los gastos corren a cuenta de los alumnos. Estamos ante la falta de sensibilidad de un alcalde tan hábil para encontrar remanentes presupuestarios para que su Sociedad Filarmónica o su Teatro Pérez Galdós puedan mantener la programación que, con todo el derecho del mundo, a él tanto le gusta. No le echaré en cara a Saavedra sus gustos musicales, no por miedo a entrar en la larga lista de incultos que el alcalde suele elaborar con sus críticos, sino porque me parece estupendo que esta ciudad cuente con el Teatro Pérez Galdós, con la Sociedad Filarmónica, con los conciertos del Festival de Música Clásica y el resto de ofertas de ese tipo que necesita y consigue millonarias subvenciones para alegría y placer espiritual de tantos teóricos ultraliberales que cuando abandonan las butacas del Pérez Galdós o el Auditorio se convierten en enemigos de lo público.

Los trabajadores de las escuelas de música difundieron un comunicado donde critican la desidia y la inacción municipal que en estos momentos los tiene en manos de una empresa con grandes problemas económicos y de un ayuntamiento tan volcado en la capitalidad cultural que se olvida de que el derecho a formarse musicalmente también es cultura. Las escuelas municipales de música son la oferta de educación musical no reglada más importante del archipiélago canario, a pesar de Marcela Delgado y Jerónimo Saavedra.

Decía el alcalde hace unos días que a la lucha por la capitalidad cultural europea le vendrá muy bien el Premio Canarias para la Sociedad Filarmónica que él ha estado presidiendo hace unos cuantos años. No lo dudamos. Pero la capitalidad cultural quizá no llegue, o si llega, se va a los doce meses. Y los 1700 estudiantes de música siguen ahí, esperando, con una incertidumbre innecesaria. Quizá cree el alcalde que los concejales de su gobierno municipal son los únicos que tienen derecho a desafinar y dar la nota.

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Acerca de juanglujan

Juan García Luján es periodista, de las islas Canarias. Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Entiende el oficio de periodista como la posibilidad de informar, comunicar y reflexionar en alto. Todavía cree que es una profesión útil para la sociedad. Después de 20 años de oficio no confunde libertad de empresa con libertad de expresión.
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3 respuestas a Saavedra y la música

  1. Manuel Asulmarino dijo:

    Totalmente de acuerdo. La aclaración era simplemente para evitar que los políticos municipales se refugiaran en declaraciones como las de la señora concejal hoy mismo culpando de su desinterés a la poca solvencia de la empresa gestora para aguantar deudas caprichosas. Todo un canto al ultraliberalismo y un gran apoyo a la pequeña empresa. ¿se imagina si, como muchos pensamos, la EMEM fuera una cooperativa de profesionales? ¿cuánto tiempo podrían sostenerse con un ayuntamiento como este?.

  2. Manuel Asulmarino dijo:

    Como suele ser habitual, un magnífico comentario que comparto en casi su totalidad. SImplemente una pequeña aclaración: no es del todo cierto que las cuotas de los alumnos paguen prácticamente el costo de la Escuela. En realidad suponen un poco más de la mitad del total de los ingresos anuales y del presupuesto de la misma, lo que comparado con el resto de las escuelas municipales supone un altísimo porcentaje. En otros casos la aportación municipal es porcentualmente muchísimo mayor, el costo a pagar por alumno menor, y el coste real por usuario sin duda mas alto. Se puede, y se debe, discutir mucho sobre la idoneidad del sistema de gestión y los beneficios o perjuicios de rescatar para la administración la gestión integral de las escuelas (máxime si nos atenemos a la eficacia demostrada por los gestores públicos). Mientras tanto el ayuntamiento tendría simplemente que estar a la altura y, al menos, garantizar que su aportación (mínima) esté en tiempo y forma para no perjudicar el servicio.

    • Juan Luján dijo:

      Gracias por su aclaración, Manuel. En cualquier caso coincidirá conmigo en que el presupuesto municipal global es mínimo en relación a otros eventos que son de interés mucho más particular que el de las escuelas.

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