Hay un niño muerto aquí al lado


Tocaba hoy escribir del nuevo gobierno canario. Acudí ayer a la toma de posesión de los nuevos consejeros. Apunté en mi libreta las sonrisas de los coalicioneros grancanarios tan emocionados por aterrizar en el gobierno del país a pesar de ser la cuarta fuerza política de la isla. Tomé nota de la sonrisa de Nancy de Australia Navarro, apenas interrumpida cuando Paulino Rivero habló de los pactos que defienden los intereses generales frente a los electorales, apunté el detalle de José Miguel Ruano y Milagros Luis Brito de tatarear la letra del himno de Canarias, los únicos que se lo sabían entre el centenar de personas del salón (el consejero de la poli y la educadora mayor saben que este arroró viene muy bien para frenar las rebeldías en los tiempos que corren).

En un afán de anotar todos los detalles, incluso apunté la página de la anacrónica Biblia donde se posaba el Cristo sobre el que prometieron sus cargos los nuevos consejeros. Domingo III del tiempo ordinario año A. Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 4, 12-23: Al enterarse de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret…”. Freno aquí mi crónica. No porque me asuste que la Biblia cuente que “me” han arrestado. Tengo material para cuatro columnas. Los salones del poder dan para mucho. Pero no podemos continuar como si no pasara nada. Tenemos un muerto aquí al lado. Las lágrimas de los familiares de Elgarhi Nayem Foidal deberían nublarnos la vista a todos. El ejército de Marruecos asesina a un niño y deja herido grave a su hermano y el mundo sigue caminando como si no pasara nada.

Pónganse ustedes en situación. Imaginen que fue la policía cubana o la venezolana la que mató a un chiquillo de 14 años. Imaginen que 20.000 personas montan una acampada en las afueras de Caracas para protestar contra el gobierno de Hugo Chávez. La CCN estaría en directo desde el primer día, los diarios españoles tendrían hoy en sus portadas el rostro triste de la madre del niño asesinado por las balas marroquíes. Los informativos de televisión tendrían como imagen del día las jaimas donde duerme un pueblo que nos dice que no está dormido. La lucha pacífica de una población respondida con balas asesinas. Eso está pasando en el Aaiún, aunque no interesa a los grandes medios, y cuando nos lo cuentan dan prioridad siempre a la versión oficial de una monarquía medieval que tiene la suerte de no formar parte del eje del mal, de ser un aliado de la Unión Europea y Estados Unidos. Y amor con silencio se paga.

Si no estamos ante un crimen de guerra contra la población civil. Si la policía de Marruecos se limitó a responder con balas a unos disparos que, según dicen, venían del interior del coche donde iba Elgarhi, ¿Por qué el gobierno marroquí no deja viajar a el Aaiún a los periodistas españoles?¿Por qué no quieren testigos extranjeros en el sáhara ocupado? Menos mal que la sagaz periodista Laura Gallego de Guinguinbali.com se les coló por donde ellos no saben. Gracias a Laura sabemos la versión directa de las víctimas de esta penúltima barbarie. La colaboradora de CANARIAS AHORA RADIO nos describía ayer en El Correíllo la calma tensa en los campamentos, donde los saharauis no quieren ni siquiera mostrar la bandera de su pueblo para no dar excusa al ejército, para evitar una represión que cueste más vidas todavía.

Mientras la ministra de Asuntos Exteriores de España hablaba en la Unión Europea de Cuba, mientras el gobierno canario pone el grito en el cielo porque una empresa de emigrantes canarios fue expropiada por el gobierno venezolano, aquí al lado tenemos un niño muerto y dos jóvenes graves, las balas de un ejército colono que ocupa un territorio en contra de la legislación internacional mataron a un chiquillo en un territorio que administrativamente pertenece al estado español. Pero la vida sigue con normalidad en el Palacio de la Moncloa y en la presidencia del gobierno canario. En Madrid todos miran a Rubalcaba, en las islas los trepas preguntan “¿qué hay de lo mío?”. Los esperpentos de Valle-Inclán lo confesaban en Luces de Bohemia: “que haya un muerto más sólo importa a la funeraria”.

Foto: publicada por Laura Gallego en Guinguinbali.com

Acerca de juanglujan

Juan García Luján es periodista, de las islas Canarias. Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Entiende el oficio de periodista como la posibilidad de informar, comunicar y reflexionar en alto. Todavía cree que es una profesión útil para la sociedad. Después de 25 años de oficio no confunde libertad de empresa con libertad de expresión.
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