Cantautor de las narices


Habrá un día en que todos, al levantar la vista, vean en el Congreso de los Diputados a un hombre que gritó desde la tribuna “a la mierda” en el momento oportuno. Ese día los niños preguntarán por la historia de aquel hombre, y alguien deberá contarle todos los capítulos, no sólo el del minuto de gloria en el que mandó al lugar oportuno al gamberro que le había gritado antes “qué dices, cantautor de las narices”.

Porque el cantautor de las narices estaba haciendo su trabajo, criticando los olvidos y retrasos con Aragón del Ministro de Fomento. Y el cantautor de las narices, unas horas antes había recitado un poema contra las guerras escrito por su hermano Miguel. Así era Labordeta, en la misma jornada laboral podía recitar unos versos para condenar a un gobierno guerrero (que apoyaba la invasión de Irak en contra de lo que pensaba la calle y la mayoría del Parlamento) y después, cuando los pelotas del ministro pretendían insultarlo, el portavoz de la Chunta Aragonesista mandaba a los provocadores al lugar merecido.

Comenzó a estudiar Derecho obligado por su padre, pero desde que pudo abandonó la facultad para estudiar Geografía e Historia. El profesor de instituto quiso dar clase de Geografía en el Congreso de los Diputados, enseñarle a sus señorías que Aragón estaba también en el mapa, aunque no tuviera tantos electores como Cataluña, Andalucía o Euskadi. Desde el escaño defendió la paz y la justicia y se sintió un extraterrestre en medio de tantos licenciados en Derecho que combinan la fabricación de leyes con el cobro de minutas por defender a los ricos.

Aragón existe, gritaba desde la tribuna parlamentaria, pero no era un ejercicio chovinista de un hombre enterrado en su ombligo, sino la respuesta a un compromiso con la gente que lo votó. Demostró que el amor al país de uno es compatible con la querencia a otros paisajes, con su mochila recorrió otras tierras y habló con la gente más sencilla. “Vete con tu mochilita” le gritó otro diputado pepero en el pleno de la guerra de Irak, como si caminar ligero de equipaje y escuchar a los agricultores fuese algo indigno. Bueno, para los que hacen carrera junto a Correas y Gúrtelles, para los que claman por la inocencia de los que conviven con maletines de dinero sucio quizá es sospechoso que un señor sea feliz caminando senderos con una mochila y una cantimplora.

Pero antes que la mochila, el hombre había cogido la guitarra en los años más difíciles. Componía canciones que sonaban a himnos. Campos, espigas, árboles, ríos y mares poblaban su música que llegaba también a los corazones urbanitas. Desde Aragón al mundo, mensajes de fraternidad universal con acento baturro. “Somos igual que nuestra tierra, suaves como la arcilla, duros de roquedad”.

Y anoche la gente de la tierra salió a la calle a despedir a su cantautor, al Abuelo. Miles de personas cantando “habrá un día en que todos, al levantar la vista, veremos una tierra que ponga libertad…” Las instituciones siempre más lentas que los pueblos se afanan ahora por retratarse, el presidente de Aragón anunció la concesión de la Medalla de la comunidad a título póstumo. Ya ven, este hombre que últimamente decía que lo iban a matar de tanto homenaje, recibe la medalla cuando no tiene voz para cantarnos.

Resumió su vida política en una conferencia titulada “hemos pasado de la clandestinidad al desasosiego”. Pero, como Gramsci, siempre combinaba el pesimismo de su inteligencia con el optimismo de la voluntad. Por eso lo mismo escribía esa conferencia crítica que componía un poema cargado de la palabra futuro para sus nietas. Lo vi cantar en el teatro Víctor Jara de Vecindario hace cinco años, en un homenaje a los hombres y mujeres que fueron asesinados por defender la república, a “aquellos que cayeron gritando libertad”. Con setenta años su voz seguía siendo “suave como la arcilla, dura de roquedad”. Las crónicas hablan de la muerte del “cantautor, político y escritor”. Se olvidan de nombrar que fue poeta y maestro. Sí, Maestro (con mayúsculas) en el instituto. Maestro que prestaba los libros de su biblioteca personal a los estudiantes a los que invitaba a té en su casa. Maestro del instituto, pero también en la televisión, en los escenarios, incluso en el Parlamento, aunque algunos diputados de las narices no tuvieron la altura suficiente para aprender algo de Labordeta.

Acerca de juanglujan

Juan García Luján es periodista, de las islas Canarias. Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Entiende el oficio de periodista como la posibilidad de informar, comunicar y reflexionar en alto. Todavía cree que es una profesión útil para la sociedad. Después de 25 años de oficio no confunde libertad de empresa con libertad de expresión.
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5 respuestas a Cantautor de las narices

  1. Pingback: Labordeta « Siempre en medio…

  2. Astrid dijo:

    Gracias Juan, esperaba con ansia que escribieras sobre el ;). Un saludo.

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  3. Alexis dijo:

    Emocionante, Juan. Otra vez me haces comenzar el día con el nudo en la garganta, carajo.

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