30 años sin Belén María


“Es como estar en un sitio y entra un nido de avispas, un rumor que va creciendo. Alguien grita: acaban de matar a una niña”. Así vivió José Luis Perdomo, hijo de portuario que tenía entonces 9 años, la noticia del atropello de Belén María. En el salón parroquial de la iglesia del Carmen se formó “un silencio doloroso, oscuro”. Todas las mujeres de los portuarios pusieron las miradas sobre sus hijos.

En la iglesia el silencio, en la entrada del Sebadal gritos, disparos, gente corriendo. Luis Perdomo (entonces trabajador portuario y sindicalista) recuerda que la mañana había sido tranquila. La policía nacional se había acercado hasta los cientos de estibadores que estaban en la paellera (así llamaban a la rotonda que hoy se llamaba Belén María), los mandos policiales les dijeron que no debían cortar el tráfico. Luis Perdomo les respondió: “no tenemos otra alternativa que cortar el tráfico de vez en cuando, para que nos escuchen”. Los coches se paraban ante la manifestación de los trabajadores. Un mando de la guardia civil salió del puesto y le pidió al primer vehículo que continuara. El alfa romeo arrancó y se llevó por delante a dos personas. Belén María fue arrastrada cerca de cien metros.
El conductor huyó en su coche subiendo la cuesta del Sebadal. Algunos trabajadores intentaron alcanzarlo. La policía cargó contra los portuarios. Luis Perdomo recuerda que “nos disparaban directamente a la cara. Un compañero perdió un ojo y otros muchos resultaron heridos”. En medio de la confusión alguien pidió voluntarios para donar sangre en la clínica Santa Catalina. Fefa Ojeda, madre de Belén María, se acercó al hospital sin saber que la que había sido atropellada era su hija.
Fueron las horas más duras de una lucha de muchos meses. Los estibadores luchaban por un convenio colectivo, por el reconocimiento de la Coordinadora Estatal de los Estibadores. En diferentes puertos del Estado algunas empresas habían firmado el convenio, la patronal canaria se negaba rotundamente. La prensa de la época no contaba las reivindicaciones de los portuarios, jamás hablaron de las condiciones miserables de los estibadores de un puerto que daba mucho dinero a unos pocos. Hubo algunas honrosas excepciones, el periodista canario José Luis Morales era redactor-jefe de la revista Interviú. Morales tuvo que sentarse dos veces en el banquillo de los acusados por varios reportajes sobre la muerte de Belén María. La lucha era dura, pero el momento más duro llegó en la madrugada del 25 de julio cuando el líder sindical Remigio Vélez entró en la biblioteca de la sede de la Organización de Trabajadores Portuarios y dijo la fatídica frase “la niña ha muerto”.
El 26 de julio, hace hoy 30 años, Las Palmas de Gran Canaria vivió una de las manifestaciones de duelo más masivas. El entierro de Belén María congregó a más de 30.000 personas. Caminando desde el puerto hasta el cementerio de San Lázaro, cientos de vecinos se iban sumando a la manifestación de dolor colectivo. La muerte de la adolescente abrió los ojos a la isla, la lucha de los estibadores comenzó a ganar la simpatía de muchos sectores que habían permanecido ajenos.
El miedo a que la lucha se radicalizara llevó al gobernador civl, Fernández Escandón, a presionar a los empresarios para que cedieran en sus posturas, para que buscaran un acuerdo. Las patronales canarias terminaron aceptando el convenio laboral que ya había logrado el visto bueno de otras empresas de la península. “Me he preguntado muchas veces por qué no se sentaron a negociar antes de que tuviera que morir alguien, que en este caso le tocó a mi niña, pero podía haberle pasado a cualquiera”, la reflexión de Fefa Ojeda está recogida en el libro “Belén María, historia de un símbolo” de la periodista Marta Cantero.
Con esa pregunta en la mente han pasado ya 30 años. Hoy día nacen otras preguntas. Aquellos convulsos años han dado paso a unos tiempos donde el verbo luchar apenas se conjuga. Ayer fueron los portuarios, hoy son los funcionarios mileuristas los que están en el punto de mira. Se repiten algunos discursos, a los derechos laborales se les llama privilegios, a los que organizan las protestas los llaman caraduras, a los que se quedan con los grandes beneficios económicos los nombran hijos predilectos.
La prensa sigue en el mismo sitio. Por eso este aniversario casi ha pasado desapercibido. “Se me va el tiempo de las manos, rápidamente, sin darme absoluta cuenta. Y me da miedo, pena. Pues la vida es tan bella y a la vez malvada”. Estos versos los escribió Belén María días antes de morir atropellada, están recogidos en el libro “Aquel verano del ochenta. La muerte de Belén María”, de Juan Antonio Delgado Santana. La vida fue malvada con Belén María, por eso recordarla puede ser un ejercicio de memoria histórica para hacer justicia con aquellos hombres, mujeres y jóvenes que tanto lucharon para que unos trabajadores tuvieran una vida más digna.
@juanglujan

*Publicado en somosnadie.com el 26 de julio de 2010

Acerca de juanglujan

Juan García Luján es periodista, de las islas Canarias. Ha trabajado en radio, prensa y televisión. Entiende el oficio de periodista como la posibilidad de informar, comunicar y reflexionar en alto. Todavía cree que es una profesión útil para la sociedad. Después de 20 años de oficio no confunde libertad de empresa con libertad de expresión.
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3 respuestas a 30 años sin Belén María

  1. Aarón dijo:

    Soy hijo de pescadores y llevo la mar como sangre… Nunca había escuchado esta desgraciada historia… y siempre que uno ve estas injusticias, se pregunta: ¿nunca se supo quien fue el culpable de la muerte de Belén?, ¿el policía que permitio que el coche accediese estaba compinchado con el conductor asesino de Belén? Afortunadamente esa época oscura pasó, y hoy los trabajadores hemos conseguido muchas cosas que en aquella época parecían imposibles… Yo no se si el policía y el asesino de Belén aún siguen vivos hoy en día… pero estén donde estén, les deseo lo peor del mundo…

  2. maria jose dijo:

    me gustaría saber donde puedo conseguir el libro

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